Los 'chalecos amarillos' resurgen en Francia ante crisis energética y recortes presupuestarios

Trabajo en la furgoneta y cada subida repercute en mi sueldo
Un transportista en París explica por qué los chalecos amarillos podrían volver a las calles.
Mark

¿Por qué ahora? Los chalecos amarillos fueron 2018. ¿Qué ha cambiado para que resurjan precisamente en septiembre de 2026?

Mimi

El precio del diésel es el detonante inmediato. Está en 2,82 euros por litro, un récord. Para transportistas y trabajadores autónomos, cada céntimo de subida erosiona directamente sus ingresos. Pero hay algo más: el Gobierno está a punto de presentar un presupuesto con 54.000 millones en recortes, justo cuando la gente está más vulnerable.

Luke

Espera. ¿Está confirmado que el precio es un récord histórico o es el más alto en esta crisis específica? Porque si es solo en esta crisis, la frase pierde peso.

Mimi

Es un récord en esta crisis de precios de combustibles. No tengo datos de si es el máximo absoluto en la historia de Francia.

Mark

¿Y por qué funciona una convocatoria en TikTok cuando en 2018 no había redes así?

Mimi

En 2018 sí había redes, pero la movilización fue más orgánica, más de boca en boca. Ahora es más rápida, más visual. Un clip, un póster hecho con IA, una fecha. Se viraliza en días. Pero eso también significa que es más frágil: sin estructura, sin líderes, sin reivindicaciones claras.

Luke

¿Hay evidencia de que realmente vaya a haber participación? Porque una convocatoria viral no es lo mismo que gente en la calle.

Mimi

No, no hay evidencia aún. El 17 de octubre dirá si esto es real o si fue solo ruido en redes. Pero lo que sí es real es que partidos como el Comunista y La Francia Insumisa ya la respaldan, lo que le da cierta legitimidad política.

Mark

¿Y Macron qué hace? ¿Cómo responde?

Mimi

Intenta minimizarla. Dice que una movilización de ese tipo no es útil, que hay que permanecer unidos. Pero al mismo tiempo amplía las ayudas al carburante, lo que sugiere que sí le preocupa.

Luke

¿Cuál es el riesgo real para el Gobierno?

Mimi

Una moción de censura. Si el presupuesto con los recortes se vota y hay protestas en la calle, el Reagrupamiento Nacional y La Francia Insumisa han dicho que lo censurarán. Eso podría derribar al Gobierno.

Mark

¿Y la economía? ¿Está tan mal como parece?

Mimi

El Banco de Francia proyecta crecimiento de 0,4-0,5% para 2026, inflación del 2,5%, y el déficit público en el 5,2% del PIB. No es una catástrofe, pero es débil. La energía se ha encarecido un 16,7% en 12 meses.

Luke

Pero eso es parcialmente culpa de Trump y la guerra en Oriente Próximo, según el Gobierno. ¿Cuánto de esto es realmente responsabilidad de Macron?

Mimi

Eso es lo que el Gobierno argumenta. Pero para el transportista en la gasolinera, eso no importa. Lo que importa es que su sueldo se erosiona cada mes.

  • El diésel alcanza 2,82 euros por litro en Francia, un récord en la crisis actual
  • La convocatoria para el 17 de octubre fue creada en redes hace menos de diez días
  • El presupuesto del Gobierno incluye 54.000 millones de euros en recortes
  • El Banco de Francia proyecta crecimiento de 0,4-0,5% para 2026 y déficit público del 5,2% del PIB
  • La energía se ha encarecido un 16,7% en los últimos 12 meses

El diésel alcanza 2,82 euros por litro en Francia, generando malestar entre transportistas y ciudadanos que ven erosionados sus ingresos. Partidos de izquierda como el Comunista y La Francia Insumisa respaldan la convocatoria, aunque el movimiento carece de líderes definidos y estructura clara.

Un movimiento de protesta convocado en redes sociales para el 17 de octubre amenaza con revivir las movilizaciones de 2018 en Francia, en medio de una crisis por el precio de los carburantes y un presupuesto con recortes de 54.000 millones de euros.

A transportista se detiene en una gasolinera de Neuilly-sur-Seine, en las afueras de París, y observa la pantalla del surtidor: 2,82 euros por litro de diésel. Es otro récord en una crisis de precios de combustibles que está erosionando los ingresos de quienes dependen de sus vehículos para trabajar. Saca de debajo del asiento del copiloto un chaleco amarillo reflectante —el que todo conductor debe llevar por ley en caso de avería— pero que en 2018 se convirtió en el símbolo de un movimiento de protesta que paralizó Francia durante meses. "Trabajo en la furgoneta y cada subida repercute en mi sueldo", dice. "Por supuesto que estaría justificado que hubiera protestas."

Por ahora, las calles permanecen tranquilas. Pero en las redes sociales, desde hace semanas, ha comenzado a gestarse algo. Todo comenzó con un clip en TikTok, un malestar generalizado por el encarecimiento de los combustibles, y una fecha concreta: 17 de octubre. La convocatoria nació hace menos de diez días en redes sociales y se convirtió rápidamente en el nuevo objeto político-mediático de septiembre. El póster que acompaña la iniciativa, diseñado con inteligencia artificial, reclama una movilización nacional de chalecos amarillos con ocupación de rotondas y plazas en todo el país, mientras suena de fondo una canción cuyo estribillo es directo: "Macron, dimisión".

Al principio, pocos le dieron importancia. No está claro ni siquiera si el movimiento tendrá seguimiento sin una reivindicación oficial clara. La composición demográfica sería distinta a la de 2018, cuando la edad media de los manifestantes era de 47 años; ahora serían principalmente jóvenes. La imagen del movimiento original sigue manchada por la violencia que caracterizó muchas de sus movilizaciones y por el flirteo de varios de sus miembros con la ultraderecha y los movimientos antivacunas. Sin embargo, hay un desconcierto que recuerda al que paralizó al poder francés hace ocho años, cuando un movimiento sin líderes ni estructura formal logró lo que ningún sindicato había conseguido en décadas.

La convocatoria ha recibido respaldo rápido de Fabien Roussel, líder del Partido Comunista, y de La Francia Insumisa. Marine Tondelier, líder de los Ecologistas, también aseguró que apoyaría las manifestaciones. El Partido Socialista, en cambio, ha mostrado cautela, temeroso de quedar asociado a un movimiento que en 2018 ninguna fuerza política fue capaz de canalizar. Especialmente después de que Philippe Brun, uno de sus candidatos a las primarias y el dirigente que más se acercó al movimiento de los chalecos amarillos, quedara suspendido tras un presunto caso de violencia contra una mujer.

La inquietud ha llegado al Palacio del Elíseo. Emmanuel Macron intentó quitarle hierro a la convocatoria hace unos días mientras el Ejecutivo ampliaba el plazo de las ayudas al carburante. "Cuando hay una movilización social porque se aprueba una reforma de las pensiones y la gente pide que se dé marcha atrás, se puede entender", dijo. "Pero ese movimiento social tiene una posible solución que está en manos de la persona o del Gobierno contra el que se protesta. Ahora no creo que una movilización de ese tipo sea útil. Al contrario, tenemos que permanecer unidos." El Gobierno se ha esforzado en desvincular la subida de precios de sus competencias, convocando una reunión con todos los líderes de los partidos con representación parlamentaria para explicar que los conflictos en Irán y Ucrania son los responsables.

François Hollande, expresidente, reflexionó esta semana sobre lo que podría ocurrir: "Ningún movimiento se repite jamás de manera idéntica. Hoy los franceses sufren y están enojados. Pero no necesariamente tienen ganas, a pocos meses de una elección presidencial, de complicar aún más la situación del país." Sin embargo, advirtió sobre una paradoja: si los precios de los combustibles suben por la guerra que libra Donald Trump en Oriente Próximo, cuanto más se degrada esa situación, más beneficia a los extremistas a los que él apoya.

El verdadero problema es la cercanía a las elecciones presidenciales. El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha presentado el esqueleto de un presupuesto que incluye 54.000 millones de euros en recortes, algo que ninguna fuerza política querrá hacer suyo en un clima de precampaña electoral. Una situación crítica que podría terminar con una moción de censura al Ejecutivo y con el retorno de la cólera a la calle. De hecho, el Reagrupamiento Nacional y La Francia Insumisa han adelantado que censurarán cualquier presupuesto que no revierta la subida de los carburantes o no incluya una compensación directa para los automovilistas.

El panorama económico de fondo no favorece estos esfuerzos. El Banco de Francia rebajó hace apenas unos días su previsión de crecimiento para 2026 hasta el 0,4-0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y elevó su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año. La entidad admite que ese menor crecimiento, combinado con el encarecimiento de la deuda, empujará el déficit público al 5,2% del PIB en 2026. La inflación interanual ya se situó en agosto en el 2,4%, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido un 16,7% en 12 meses. Es en este contexto de estancamiento económico, inflación persistente y presupuestos de austeridad donde una convocatoria en redes sociales ha logrado lo que parecía impensable hace meses: revivir el espectro de los chalecos amarillos.

Cuando hay una movilización social porque se aprueba una reforma de las pensiones y la gente pide que se dé marcha atrás, se puede entender. Pero ese movimiento social tiene una posible solución que está en manos de la persona o del Gobierno contra el que se protesta. Ahora no creo que una movilización de ese tipo sea útil.
— Emmanuel Macron, presidente de Francia
Ningún movimiento se repite jamás de manera idéntica. Hoy los franceses sufren y están enojados. Pero no necesariamente tienen ganas, a pocos meses de una elección presidencial, de complicar aún más la situación del país.
— François Hollande, expresidente de Francia
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