Los bosques plantados pueden ser eficaces a corto plazo, pero la ventaja es temporal
La Gran Muralla Verde de China ha transformado 66.000 millones de árboles en cuatro décadas, aumentando cobertura forestal del 5% al 14% y mejorando calidad del aire. Bosques plantados responden más rápidamente al CO₂ atmosférico debido a especies de crecimiento rápido y gestión intensiva, pero esta ventaja desaparece después de 30-40 años.
- China ha plantado 66.000 millones de árboles desde 1978 como parte de la Gran Muralla Verde
- La cobertura forestal en las regiones afectadas pasó del 5% en 1978 al 14% en 2023
- Los bosques plantados crecen 66% más rápido que los naturales, pero esta ventaja desaparece después de 30-40 años
- La franja arbolada junto al desierto de Taklamakán capturó 8,3 millones de toneladas de CO₂ anuales entre 2004 y 2017
Un estudio revela que los 66.000 millones de árboles plantados por China desde 1978 crecen 66% más rápido que bosques naturales, aunque esta ventaja es temporal y limitada para almacenamiento de carbono a largo plazo.
Hace casi medio siglo, China se propuso frenar el avance del desierto con un proyecto de escala casi incomparable: plantar árboles a miles de millones. Desde 1978, el país ha sembrado aproximadamente 66.000 millones de árboles como parte de la Gran Muralla Verde, una barrera vegetal concebida para contener el avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán hacia el norte. En aquella época, la arena ganaba más de 2.600 kilómetros cuadrados al año. El resultado ha sido transformador: la cobertura forestal en esas regiones pasó del 5 por ciento en 1978 al 14 por ciento en 2023. Las tormentas de polvo disminuyeron. La calidad del aire en grandes ciudades mejoró. China planea plantar otros 34.000 millones de árboles de aquí a mediados de siglo.
Pero un estudio reciente publicado en Geophysical Research Letters ha descubierto algo inesperado en esos bosques plantados. Crecen mucho más rápido que los bosques naturales. El equipo dirigido por el ecólogo paisajista Yuhang Luo, de la Universidad de Pekín en Shenzhen, analizó observaciones por satélite del índice de área foliar, una medida de la densidad del follaje que refleja la capacidad de los bosques para captar carbono. Los resultados mostraron que este indicador aumentó un 66 por ciento más rápido en los bosques plantados que en los naturales.
La explicación tiene varias capas. Parte de esa ventaja viene del hecho de que las plantaciones son más jóvenes y atraviesan su fase de mayor crecimiento. Pero la edad no cuenta toda la historia. Incluso al comparar plantaciones con bosques naturales de edades y condiciones similares, los árboles plantados crecían un 4,6 por ciento más rápido. La diferencia real está en cómo se gestionan. Las plantaciones suelen estar formadas por especies de crecimiento rápido como eucaliptos o álamos, y reciben un manejo forestal más intensivo. Esas prácticas reducen la competencia por recursos esenciales: luz, agua, nutrientes. El resultado es que los árboles responden más vigorosamente al aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
Lo curioso es que esa ventaja tiene fecha de vencimiento. Alcanza su máximo cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años, y luego empieza a reducirse. Los bosques naturales, en cambio, mantienen un desarrollo más lento pero constante, lo que les da una ventaja clara para el almacenamiento de carbono y la resiliencia a largo plazo. Luo sostiene que estos resultados exponen una limitación importante en muchos modelos climáticos actuales, que no diferencian lo suficiente entre bosques naturales y plantados ni consideran la edad o el historial de gestión de cada masa forestal. Eso puede distorsionar la lectura de su capacidad real de captura de carbono. "Los bosques plantados pueden ser una herramienta muy eficaz a corto plazo para la captura de carbono, pero esta ventaja es temporal. Para el almacenamiento de carbono y la resiliencia a largo plazo, los bosques naturales siguen siendo insustituibles", señaló Luo.
No todos comparten esas conclusiones. Kevin Dsouza, investigador que trabajó en modelos de reforestación en la Universidad de Waterloo, explicó que el índice de área foliar es un indicador útil pero insuficiente para estimar cuánto carbono almacena realmente un bosque. Buena parte se acumula también en la madera, la corteza, las raíces y el suelo, no solo en el dosel. Otro estudio sobre los bosques chinos encontró que los naturales pueden acumular más carbono sobre el suelo durante sus primeros años, por lo que estos resultados conviene interpretarlos con prudencia.
La magnitud del proyecto sigue siendo excepcional. En 2020, los bosques plantados del sur de China cubrían 90,31 millones de hectáreas, el 36,6 por ciento de la superficie forestal total del país. Una investigación estimó además que la franja arbolada junto al desierto de Taklamakán captaba alrededor de 8,3 millones de toneladas de dióxido de carbono al año entre 2004 y 2017, mientras emitía unas 6,7 millones, lo que indica que actuó como un sumidero neto de carbono durante ese período.
Para Luo, la lección no es dejar de plantar, sino hacerlo con más criterio: cuándo, qué especies y cómo gestionarlas después. El objetivo es ofrecer una guía más práctica para la acción climática basada en los bosques que ayude a mejorar los futuros proyectos de reforestación a gran escala. Lo que China ha aprendido en cuatro décadas es que el tamaño importa, pero también importa pensar en el largo plazo.
Notable Quotes
Los bosques plantados pueden ser una herramienta muy eficaz a corto plazo para la captura de carbono, pero esta ventaja es temporal. Para el almacenamiento de carbono y la resiliencia a largo plazo, los bosques naturales siguen siendo insustituibles.— Yuhang Luo, ecólogo paisajista de la Universidad de Pekín en Shenzhen
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué crecen tan rápido estos bosques plantados si están en el mismo clima que los naturales?
Porque no están solos. Tienen especies seleccionadas por su velocidad de crecimiento, como eucaliptos y álamos, y reciben un cuidado intensivo que reduce la competencia por agua, luz y nutrientes. Es como comparar un atleta entrenado con uno sin entrenamiento.
Entonces, ¿son mejores para capturar carbono?
A corto plazo, sí. Pero aquí está lo importante: esa ventaja desaparece después de 30 o 40 años. Los bosques naturales crecen más lentamente, pero de manera constante y duradera.
¿Significa eso que China cometió un error plantando 66.000 millones de árboles?
No. Frenó el desierto, mejoró el aire en las ciudades, capturó millones de toneladas de carbono. Lo que el estudio dice es que no debemos confundir éxito a corto plazo con solución permanente.
¿Qué debería hacer China ahora?
Seguir plantando, pero con más criterio. Pensar en qué especies, dónde, y cómo gestionarlas para que duren. No es un fracaso; es aprender a hacerlo mejor.
¿Los bosques naturales podrían haber hecho lo mismo?
Probablemente no en el mismo tiempo. Pero si China hubiera esperado, tal vez hoy tendría algo más resiliente. El dilema es ese: velocidad versus durabilidad.