Hace treinta y seis mil años, manos anónimas trazaron bisontes sobre la roca caliza de Cantabria; hoy, esas mismas figuras ocupan un lugar central en el Lucas Museum of Narrative Art de Los Ángeles. La decisión curatorial de George Lucas de situar el arte rupestre de Altamira junto a obras de distintas épocas y culturas no es un gesto decorativo, sino una afirmación: que el impulso humano de contar historias a través de la imagen es tan antiguo como la humanidad misma. En este encuentro entre lo paleolítico y lo contemporáneo, España y el mundo se reconocen en un origen compartido.