En las aulas del mundo desarrollado, una inversión silenciosa está reescribiendo el mapa de la desigualdad educativa: los estudiantes de familias acomodadas pierden rendimiento en lengua y matemáticas al doble de la velocidad que sus compañeros de origen humilde. Lo que durante décadas fue una ventaja casi garantizada por el capital económico y cultural se revela ahora como una posición frágil, vulnerable a transformaciones estructurales que aún no terminamos de comprender. La historia de quién se queda atrás en la educación está siendo reescrita, y sus consecuencias para la política, la famil