Cuando una sociedad elige el silencio ante el prejuicio, no está simplemente evitando el conflicto: está eligiendo un tipo de futuro. El análisis publicado en El País advierte que la tolerancia sistemática del racismo y los discursos de odio no es neutralidad, sino una forma activa de complicidad que normaliza lo marginal, polariza comunidades y erosiona los fundamentos mismos de la convivencia democrática. La historia ha demostrado repetidamente que las grandes crisis no nacen de un instante, sino de la acumulación paciente de pequeñas omisiones.