En un momento en que la tierra exige más de lo que el ojo humano puede anticipar, una empresa suiza llega a Argentina con la promesa de escuchar a las plantas antes de que estas griten. Vivent Biosignals instala pequeños electrodos en los tallos de los cultivos para leer sus señales eléctricas, detectando estrés hídrico, nutricional o por plagas hasta diez días antes de que aparezca cualquier síntoma visible. Es la vieja aspiración agrícola —conocer el campo antes de que el daño sea irreversible— traducida ahora al lenguaje de la inteligencia artificial y los biosensores.
Llega a Argentina la agtech suiza que detecta problemas en plantas antes de que aparezcan síntomas
Ver el problema antes de que aparezca el síntoma es el valor real
¿Por qué una empresa suiza elige Argentina como base para crecer en América Latina? ¿Qué ve aquí que no ve en otros lugares?
Argentina tiene productores sofisticados, acceso a tecnología, y enfrenta desafíos reales de agua y clima que hacen la solución urgente. Es un mercado que entiende el valor de la innovación agrícola.
Los números de aumento de rendimiento varían mucho: entre dos y veintitrés por ciento. ¿Qué explica esa brecha tan grande?
Depende del cultivo, del ambiente, del manejo del productor. En tomate intensivo en invernadero holandés obtienen veintitrés por ciento. En otros cultivos, en otros climas, es más modesto. Pero incluso el dos por ciento es suficiente para pagar la inversión.
El costo inicial es alto: entre diez y quince mil euros. ¿Quién puede permitirse eso?
Por eso la empresa apunta primero a productores tecnificados y cultivos de alto valor. Son quienes ya invierten en precisión. Y están estudiando financiación a treinta y seis meses para hacerlo más accesible.
¿Qué cambia realmente en la cabeza del productor cuando ve ese semáforo rojo en la pantalla?
Cambia todo. Deja de reaccionar a lo que ve y comienza a actuar sobre lo que sabe que va a pasar. Puede regar antes de que la planta muestre estrés, fertilizar antes de que aparezca la deficiencia. Es anticipación, no reparación.
¿Hay riesgo de que los productores se vuelvan dependientes de la tecnología? ¿Qué pasa si falla?
Es una pregunta válida. Pero la tecnología no reemplaza el conocimiento del productor, lo amplía. El semáforo es una herramienta de información. El productor sigue siendo quien decide qué hacer.
El Pulso
- La sequía y la variabilidad climática presionan a los productores argentinos a tomar decisiones de riego y fertilización casi a ciegas, cuando los síntomas ya son tardíos.
- Vivent Biosignals irrumpe con sensores que registran señales eléctricas vegetales las 24 horas y las convierten en alertas tipo semáforo, desafiando el modelo reactivo de la agricultura tradicional.
- Los ensayos en Europa muestran aumentos de rendimiento de hasta 23% en tomate y ahorros de agua de hasta 40% en Almería, cifras que la empresa no garantiza universalmente pero que respaldan la propuesta.
- La barrera de entrada —entre 10.000 y 15.000 euros por instalación inicial— se enfrenta con una lógica de recuperación rápida: en frutilla, con apenas 1% más de producción el sistema se paga solo.
- Las primeras instalaciones en Argentina arrancan en septiembre, apuntando a productores tecnificados y cultivos de alto valor, con financiación a 36 meses en análisis para ampliar el alcance.
En un momento en que la tierra exige más de lo que el ojo humano puede anticipar, una empresa suiza llega a Argentina con la promesa de escuchar a las plantas antes de que estas griten. Vivent Biosignals instala pequeños electrodos en los tallos de los cultivos para leer sus señales eléctricas, detectando estrés hídrico, nutricional o por plagas hasta diez días antes de que aparezca cualquier síntoma visible. Es la vieja aspiración agrícola —conocer el campo antes de que el daño sea irreversible— traducida ahora al lenguaje de la inteligencia artificial y los biosensores.
Hace poco más de una década, la agricultura de precisión era una promesa. Hoy, pequeños electrodos pegados al tallo de una planta leen sus señales eléctricas como un electrocardiograma vegetal. Vivent Biosignals, empresa suiza con sede ahora en Argentina, detecta falta de agua, estrés nutricional y presencia de insectos hasta diez días antes de que aparezca cualquier síntoma visible.
El sistema coloca dos electrodos sobre el tallo para registrar señales eléctricas las 24 horas, mientras un tercer sensor capta las condiciones climáticas. Algoritmos de inteligencia artificial procesan esa información y la presentan al productor como un semáforo: verde, amarillo o rojo según la urgencia. La compañía cuenta con alrededor de seis mil sensores instalados en el mundo y triplicó su actividad en el último año.
Fernando Derossi, argentino y CEO global de la firma, resumió la diferencia con el enfoque tradicional: cuando aparece el síntoma visible, ya es tarde. Durante las olas de calor europeas de este año, los sensores detectaron el estrés térmico en uno o dos días, permitiendo regar antes de que el daño fuera irreversible.
Los resultados en ensayos son concretos: aumentos de rendimiento de entre 10% y 23% en tomate en Holanda, ahorros de agua de hasta 40% en Almería. En muchos cultivos intensivos, los incrementos habituales rondan el 2% al 5%. La inversión inicial —entre 10.000 y 15.000 euros por dos kits de ocho sensores— se recupera con crecimientos modestos: en frutilla, basta con 1% más de producción.
En Argentina, la empresa apuntará primero a productores tecnificados y cultivos de alto valor. Para planteos extensivos, la estrategia combina plantas representativas con imágenes satelitales. Se analiza financiación a 36 meses para facilitar la adopción. Las primeras instalaciones están previstas para septiembre, con la ambición de convertirse en herramienta estándar frente a una sequía y una variabilidad climática cada vez más frecuentes.
Hace poco más de una década, la agricultura de precisión era una promesa futura. Hoy, en los campos de Europa y ahora en Argentina, pequeños electrodos pegados al tallo de una planta están leyendo sus señales eléctricas como si fuera un electrocardiograma, anticipando problemas que el ojo humano aún no puede ver. Vivent Biosignals, una empresa suiza, acaba de establecerse en el país como base para expandirse por América Latina, trayendo consigo una tecnología que detecta la falta de agua o nutrientes, el estrés por calor y la presencia de insectos hasta diez días antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles.
El sistema es deceptivamente simple en su concepto. Dos pequeños electrodos se colocan sobre el tallo de la planta y registran durante las veinticuatro horas las señales eléctricas que emite. Un tercer sensor mide las condiciones climáticas del lugar. Toda esa información fluye hacia algoritmos de inteligencia artificial que la procesan y la transforman en alertas para el productor, presentadas en una interfaz que funciona como un semáforo: verde para valores normales, amarillo para cambios que requieren observación, rojo para problemas graves. La compañía tiene alrededor de seis mil sensores instalados en el mundo y triplicó su actividad durante el último año.
Fernando Derossi, argentino y CEO global de la empresa, explicó durante un encuentro con periodistas en Buenos Aires la diferencia fundamental entre este enfoque y el tradicional. "Lo clásico es ver el síntoma de lo que le pasó a la planta. Le faltó zinc, aparece una rayita blanca y ya está. Pero para ese momento es tarde. El valor más importante que tenemos es verlo antes." Durante las olas de calor en Europa este año, los sensores detectaron en apenas uno o dos días que los cultivos sufrían estrés por altas temperaturas, permitiendo a los productores mitigar el problema con riego antes de que el daño fuera irreversible.
Los números que respaldan la tecnología son significativos. En un ensayo realizado en Tomato World, en Holanda, Vivent Biosignals registró aumentos de rendimiento entre el diez y el veintitrés por ciento en tomate. Aunque Derossi aclaró que no todos los casos alcanzan esos niveles, la empresa ha comprobado incrementos entre el dos y el cinco por ciento en muchos cultivos intensivos. En paralelo, los costos vinculados con riego y consumo de energía bajaron alrededor del treinta por ciento en algunos casos, y en Almería, España, el ahorro de agua llegó al cuarenta por ciento. El sistema también permite observar cómo responde el cultivo después de una aplicación de producto: el tablero muestra el aumento del estrés inicial, cuánto tiempo demora la planta en absorber el tratamiento y en qué momento se recupera.
La inversión inicial no es trivial pero es recuperable. Una instalación inicial de dos kits de ocho sensores cuesta entre diez mil y quince mil euros, con colocación y suscripción al software incluidas. Los equipos tienen una vida útil comprobada de al menos tres años. Sin embargo, la recuperación de la inversión ocurre con crecimientos modestos: en tomate, con un incremento de rendimiento entre el cero punto cinco y el cero punto siete por ciento se paga la inversión. En cultivos como la frutilla, con apenas un uno por ciento más de producción el sistema se financia a sí mismo.
En una primera etapa, Vivent Biosignals buscará trabajar en Argentina con productores tecnificados, multiplicadores de semillas, empresas procesadoras de alimentos y establecimientos dedicados a cultivos de alto valor. Para planteos extensivos, la estrategia es diferente: en lugar de instalar sensores en cada hectárea, se elegirían plantas representativas de distintos ambientes y esa información se combinaría con imágenes satelitales. La empresa analiza ofrecer en Argentina opciones de financiación a cerca de treinta y seis meses, una medida que podría acelerar la adopción entre productores medianos.
Septiembre marca el inicio de las primeras instalaciones en el país. Lo que comienza como un proyecto piloto en campos argentinos podría transformarse en una herramienta estándar para quienes buscan exprimir cada gota de agua y cada nutriente de sus cultivos, especialmente en un contexto donde la sequía y la variabilidad climática son cada vez más frecuentes. La tecnología no promete milagros, pero sí promete ver lo que antes era invisible hasta que era demasiado tarde.
Citas Notables
Lo clásico es ver el síntoma de lo que le pasó a la planta. Pero para ese momento es tarde. El valor más importante que tenemos es verlo antes.— Fernando Derossi, CEO global de Vivent Biosignals
El valor agregado está en decirle al productor no solo qué está pasando, sino que lo puede solucionar irrigando, fertilizando o con determinado producto.— Fernando Derossi