Dos siglos después de que Mary Shelley imaginara una criatura atormentada a quien el mundo concedía compasión, el caso de Lindsay Clancy revela que esa misma compasión sigue siendo un privilegio distribuido de forma desigual según el género. La sociedad contemporánea tiende a reconocer la complejidad psicológica del sufrimiento masculino extremo mientras aplica un escrutinio más severo y menos comprensivo al sufrimiento femenino equivalente. Lo que Shelley diagnosticó como ficción, la justicia y la opinión pública lo perpetúan como norma.
Lindsay Clancy y el monstruo de Frankenstein: el doble rasero de género
El caso de Lindsay Clancy implica tragedia familiar, aunque el artículo no especifica detalles de víctimas o daño directo.