Liexer de la Cruz pasó cinco años construyendo una vida en Estados Unidos —cruzando selvas, certificándose como electricista, enviando zapatos a sus hijas— solo para que un juez en Miami le ofreciera, en cuestión de segundos, la única salida posible: regresar a la isla que había dejado. Su historia encarna la tensión irresuelta entre las promesas históricas que Estados Unidos hizo a los cubanos y la realidad política que hoy cierra esas puertas, dejando a más de medio millón de personas en un limbo legal mientras las crisis de electricidad, agua y alimentos aguardan al otro lado del océano.
Liexer de la Cruz: de cinco años en EE.UU. a luchar por sobrevivir en Cuba
De la Cruz fue separado de su esposa, sus dos hijas en Cuba y su abuela en EE.UU.; presenció muertes en el Tapón del Darién durante su travesía migratoria.