En los márgenes de Riad, diplomáticos rusos y estadounidenses exploraron un lenguaje común que el mundo no escuchaba desde hace años: el de los intereses nacionales compartidos. Lavrov, canciller de una Rusia que no renuncia a sus líneas rojas, describió una apertura pragmática con Washington bajo Trump, donde la cooperación es posible cuando los intereses convergen, pero donde la presencia de la OTAN en Ucrania —bajo cualquier nombre— sigue siendo una frontera infranqueable. Lo que se dibuja no es una reconciliación, sino una geometría de coexistencia vigilada entre dos potencias que aún desc
Lavrov: Rusia y EE.UU. pueden colaborar en intereses mutuos pese a diferencias
Cuando los intereses coinciden, deben convertirse en algo práctico mutuamente beneficioso
¿Por qué Lavrov enfatiza tanto que Rusia no traicionará a China? ¿Hay realmente presión estadounidense para que Moscú se aleje de Beijing?
Lavrov está respondiendo a una pregunta que probablemente le hicieron directamente. Pero el énfasis revela algo más profundo: Moscú sabe que Washington querría debilitar la alianza ruso-china. Al afirmar públicamente que no lo hará, Lavrov está asegurando a Beijing que los diálogos con Trump no significan un giro geopolítico.
¿Qué tan real es esta apertura diplomática que describe? ¿O es principalmente retórica?
Parece real en el sentido de que hubo una reunión en Riad y se intercambiaron posiciones. Pero la apertura es estrecha. Ambos lados reconocen que pueden cooperar en márgenes, no en lo fundamental. Ucrania sigue siendo un abismo.
Lavrov critica duramente a la UE, pero ¿no está Rusia también tratando de dividir a Occidente?
Claro. Al elogiar a Trump y criticar a von der Leyen, Lavrov está amplificando divisiones que ya existen. Pero también está siendo honesto sobre cómo ve el conflicto: una Europa subordinada a intereses estadounidenses, no una alianza genuina.
¿Por qué insiste tanto en que cualquier fuerza de paz de la OTAN es inaceptable? ¿Qué teme realmente?
Teme exactamente lo que dice: que tropas de la OTAN en Ucrania, sin importar el uniforme que usen, se conviertan en una presencia permanente que consolide el control occidental sobre Ucrania. Para Rusia, eso sería perder la guerra diplomáticamente después de no ganarla militarmente.
¿Hay algún espacio real para negociación sobre Ucrania, o estas son posiciones finales?
Lavrov presenta esto como posiciones finales, pero la diplomacia siempre tiene espacio. El verdadero test será si Trump presiona a Zelenski para aceptar términos que Rusia pueda vivir, o si simplemente congela el conflicto sin resolver nada.
The Pulse
- Moscú y Washington se sentaron en Riad con un tono inédito: la administración Trump reconoció los intereses nacionales rusos como legítimos, abriendo una grieta diplomática que no existía bajo administraciones anteriores.
- Lavrov advierte que esa apertura tiene un techo: cualquier tropa de la OTAN en suelo ucraniano, aunque vista como fuerza de paz, es para Rusia la misma amenaza que motivó el conflicto desde el principio.
- La propuesta de Macron de desplegar fuerzas de paz en un mes fue calificada por Lavrov como una obsesión que ignora las causas reales de la guerra, tensando aún más la relación entre Moscú y una Europa que el canciller describe como desindustrializada y sin autonomía.
- Rusia rechaza cualquier intento de distanciarla de China, afirmando que su alianza con Beijing es la más sólida de su historia reciente y que no será sacrificada en ninguna mesa de negociación con Occidente.
- El horizonte diplomático muestra una apertura real pero estrecha: hay espacio para proyectos económicos y cooperación práctica, pero las divergencias sobre Ucrania y la seguridad europea permanecen sin puente visible.
En los márgenes de Riad, diplomáticos rusos y estadounidenses exploraron un lenguaje común que el mundo no escuchaba desde hace años: el de los intereses nacionales compartidos. Lavrov, canciller de una Rusia que no renuncia a sus líneas rojas, describió una apertura pragmática con Washington bajo Trump, donde la cooperación es posible cuando los intereses convergen, pero donde la presencia de la OTAN en Ucrania —bajo cualquier nombre— sigue siendo una frontera infranqueable. Lo que se dibuja no es una reconciliación, sino una geometría de coexistencia vigilada entre dos potencias que aún desconfían profundamente la una de la otra.
En febrero, funcionarios rusos y estadounidenses se reunieron en Riad en una conversación que, según Lavrov, cambió el tono de las relaciones bilaterales. Rubio, Waltz y Witkoff transmitieron un mensaje central: la administración Trump busca vínculos basados en intereses nacionales mutuos, sin exigir subordinación política.
Lavrov describió la lógica propuesta con claridad: aunque los intereses de Moscú y Washington coincidan menos de la mitad del tiempo, esa convergencia parcial debería traducirse en proyectos concretos —económicos, de infraestructura— que beneficien a ambas partes. Igualmente relevante fue el reconocimiento estadounidense de que las contradicciones entre ambas potencias no deben escalar hacia confrontación militar, algo que consideran catastrófico para terceros.
Sin embargo, Moscú tiene límites innegociables. Lavrov rechazó de plano cualquier presencia militar de la OTAN en Ucrania, independientemente de cómo se la denomine. Si la expansión de la alianza es reconocida como causa del conflicto, argumentó, entonces soldados de países miembros en suelo ucraniano representan la misma amenaza con o sin bandera de paz. Criticó con dureza la propuesta de Macron de desplegar fuerzas en un mes, calificándola de obsesión desconectada de las causas reales de la guerra.
Sobre Europa, Lavrov fue provocador: describió a la Unión Europea como una entidad que ha perdido independencia económica, acusó a Von der Leyen de impulsar una remilitarización costosa y sugirió que esas inversiones podrían servir para desviar la atención de gastos previos sin auditoría. El continente, en su análisis, acepta su propia desindustrialización con tal de sostener el objetivo ideológico de derrotar a Rusia.
En cuanto a China, el canciller fue categórico: la alianza ruso-china es la más sólida de su historia reciente y no será negociada con Washington. Reconoció dificultades prácticas derivadas de sanciones, pero subrayó que ambos países miran más allá del corto plazo y que Moscú no traicionará sus compromisos con Beijing.
Lo que emerge es una Rusia dispuesta a cooperar donde los intereses converjan, pero que negocia desde principios que no están en venta. La apertura diplomática existe, pero está rodeada de líneas rojas que Occidente, hasta ahora, ha mostrado escasa disposición a respetar.
En febrero, delegados estadounidenses se sentaron con funcionarios rusos en Riad para una conversación que, según el canciller ruso Serguéi Lavrov, marcó un cambio de tono en las relaciones bilaterales. El secretario de Estado Marco Rubio, el asesor de Seguridad Nacional Mike Waltz y el enviado especial para Oriente Medio Steve Witkoff llevaron un mensaje claro: la administración Trump busca relaciones normales basadas en intereses nacionales mutuos, incluso si esos intereses rara vez se alinean completamente.
Lavrov describió la propuesta estadounidense con precisión. Washington reconoce que Rusia tiene sus propios intereses nacionales, dijo, y está dispuesta a mantener un diálogo serio con países que no subordinan su política exterior a las prioridades ajenas. El canciller estimó que los intereses de Moscú y Washington quizá coincidan menos del 50 por ciento, pero cuando lo hacen, ambas potencias deberían convertir esa convergencia en algo tangible: proyectos económicos, infraestructura, iniciativas prácticas que beneficien a ambas partes. Igualmente importante, según Lavrov, fue el reconocimiento estadounidense de que cuando los intereses se contradicen, los gobiernos responsables deben evitar que esa contradicción escale hacia confrontación militar, algo que sería catastrófico para terceros países.
Pero hay un límite claro donde Moscú no cede. Lavrov rechazó categóricamente cualquier presencia de fuerzas de paz de la OTAN en territorio ucraniano, bajo cualquier bandera o denominación. Si la expansión de la OTAN es reconocida como una de las causas fundamentales del conflicto, argumentó, entonces tropas de países miembros de la alianza en suelo ucraniano representan la misma amenaza, sin importar cómo se las designe. El canciller criticó lo que llamó la obsesión del presidente francés Emmanuel Macron con desplegar fuerzas de paz en un mes, señalando que esto no aborda las causas reales de la guerra que, en su perspectiva, Occidente emprendió contra Rusia a través de Ucrania con participación militar directa.
Lavrov fue más allá en sus críticas a Europa. Describió a la Unión Europea como una entidad que ha perdido su independencia económica y su carácter de asociación comercial. Utilizó lenguaje provocador al referirse a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acusándola de movilizar a Europa hacia una remilitarización costosa. El canciller sugirió que estas enormes inversiones en defensa podrían ser un mecanismo para desviar la atención de gastos previos durante la pandemia de covid y la asistencia a Ucrania que, según él, carecieron de auditoría adecuada. Señaló también que empresas europeas se están trasladando a Estados Unidos y que el continente experimenta desindustrialización, todo lo cual, en su análisis, Europa está dispuesta a sacrificar con tal de alcanzar el objetivo ideológico de derrotar a Rusia.
En cuanto a China, Lavrov fue enfático en rechazar cualquier sugerencia de distanciamiento. Afirmó que las relaciones ruso-chinas nunca han sido tan sólidas, confiables y duraderas, con apoyo de ambas poblaciones. Reconoció que existen dificultades, particularmente derivadas de sanciones que desalientan a empresas de participar en proyectos conjuntos, y que algunos proyectos de infraestructura y logística en Siberia se han retrasado. Pero Lavrov enfatizó que ni Rusia ni China tienen prisa, y que ambos países ven más allá del horizonte inmediato. El canciller subrayó que Moscú no traicionará sus compromisos jurídicos ni políticos con Beijing, un mensaje dirigido claramente a Washington.
Lo que emerge de estas declaraciones es una Rusia que busca negociar desde una posición de principios no negociables. Moscú está abierta a cooperación práctica con Estados Unidos donde los intereses converjan, pero mantiene líneas rojas claras respecto a Ucrania, la OTAN y su alianza con China. La apertura diplomática bajo Trump existe, pero está circunscrita por demandas que Occidente ha mostrado poco disposición a aceptar.
Notable Quotes
Cuando los intereses no coinciden y se contradicen, entonces los países responsables deben hacer todo lo posible para no permitir que esta contradicción degenere en confrontación, sobre todo militar— Delegados estadounidenses, según Lavrov
Esto sería un grupo manteniendo y protegiendo al régimen nazi. Y esto es absolutamente imposible— Serguéi Lavrov, sobre fuerzas de paz de la OTAN en Ucrania