En un continente que envejece y debate el futuro de sus sistemas sanitarios, el economista Massimo Bordignon presentó ante expertos europeos una cifra que reencuadra décadas de política pública: 1,6 millones de vidas salvadas en Europa gracias a las vacunas contra el COVID-19. Su argumento va más allá del recuento de muertes evitadas — cada euro invertido en vacunación infantil puede devolver hasta 37, convirtiendo la prevención en una cuestión de economía política tanto como de salud. Europa, advirtió, debe transformar urgentemente sus sistemas sanitarios de curar a prevenir, antes de que el
Las vacunas del Covid salvaron 1,6 millones de vidas en Europa, según experto
Una población más sana trabaja más, sostiene sistemas bajo presión
¿Por qué un economista es quien está haciendo estas afirmaciones sobre vidas salvadas? ¿No debería ser un epidemiólogo?
Bordignon trae una perspectiva diferente. Los epidemiólogos miden casos y muertes evitadas. Él está cuantificando el valor económico de eso, lo que es crucial para que los gobiernos asignen presupuestos.
Pero tenemos que ser precisos: ¿esos 1,6 millones son una cifra modelada o conteos reales? ¿De qué período exacto? ¿Incluye solo muertes directas por COVID o también muertes evitadas por colapso sanitario?
Son estimaciones basadas en análisis de datos de mortalidad y cobertura vacunal. No son conteos de cadáveres evitados, sino proyecciones de lo que habría ocurrido sin vacunas.
Y ese retorno de 37 euros por cada euro invertido en vacunación infantil—¿eso incluye solo costos médicos o también productividad futura?
Incluye ambos. Una persona vacunada que no se enferma es una persona que va a la escuela, que trabaja después, que contribuye económicamente durante décadas.
Pero eso es especulativo. Estamos hablando de beneficios futuros que dependen de muchas variables. El número es real, pero el horizonte temporal importa mucho.
¿Entonces por qué Bordignon enfatiza tanto la prevención como política industrial?
Porque Europa envejece. Si pierdes 3 millones de trabajadores en Italia, necesitas que los que quedan sean lo más productivos posible. Una población sana es más productiva.
Eso es verdad, pero también es un argumento que puede usarse para justificar cualquier gasto en salud. ¿Cómo sabemos que la vacunación es la inversión más eficiente comparada con otras intervenciones?
No lo sabemos completamente. Por eso Bordignon habla de la necesidad de datos mejores, de inteligencia artificial, de sistemas de información integrados.
¿Y el modelo portugués de farmacias—funciona porque Portugal es pequeño, o podría escalar en países más grandes?
Esa es la pregunta sin respuesta en el artículo. Portugal tiene 7.700 farmacéuticos cualificados. España tiene 50 millones de habitantes. ¿Cuántos necesitaría? ¿Cuál sería el costo de capacitación? No está claro.
The Pulse
- La pandemia dejó una lección cuantificable: 1,6 millones de europeos sobrevivieron gracias a las vacunas contra el COVID-19, según el análisis del profesor Bordignon de la Universidad Católica de Milán.
- El envejecimiento acelerado de Europa — con países como Italia donde el 25% de la población supera los 65 años — convierte la prevención vacunal en una urgencia económica y laboral, no solo sanitaria.
- Los sistemas de salud europeos siguen organizados para curar enfermedades, no para evitarlas, y ese desfase estructural amenaza con volverse insostenible ante la presión demográfica.
- La inteligencia artificial y el Espacio Europeo de Datos de Salud emergen como herramientas clave para acelerar el desarrollo vacunal y permitir el uso compartido de datos entre países.
- Portugal ya demostró que ampliar la vacunación a las farmacias comunitarias funciona — 7.700 farmacéuticos cualificados administran vacunas — mientras España aún enfrenta barreras normativas y competenciales para seguir ese camino.
En un continente que envejece y debate el futuro de sus sistemas sanitarios, el economista Massimo Bordignon presentó ante expertos europeos una cifra que reencuadra décadas de política pública: 1,6 millones de vidas salvadas en Europa gracias a las vacunas contra el COVID-19. Su argumento va más allá del recuento de muertes evitadas — cada euro invertido en vacunación infantil puede devolver hasta 37, convirtiendo la prevención en una cuestión de economía política tanto como de salud. Europa, advirtió, debe transformar urgentemente sus sistemas sanitarios de curar a prevenir, antes de que el peso demográfico del envejecimiento haga esa transición imposible.
El economista Massimo Bordignon, de la Universidad Católica de Milán, presentó en el IV Encuentro de Vacunas y Salud Global de la Fundación Gaspar Casal una cifra que resume años de debate: las vacunas contra el COVID-19 salvaron 1,6 millones de vidas en Europa durante la pandemia. El evento, celebrado por primera vez en colaboración con el CSIC, reunió a expertos que fueron más allá del balance de vidas para hablar de rentabilidad, demografía y transformación sistémica.
Bordignon argumentó que cada euro invertido en vacunación infantil genera un retorno de hasta 37 euros, y que la inmunización de adultos ofrece perspectivas aún más favorables. Señaló además que las vacunas protegen contra enfermedades no transmisibles — cáncer, diabetes, patologías cardiovasculares — responsables de más del 65% de las muertes en Europa, un alcance que muchos ciudadanos desconocen. Su mensaje central fue claro: Europa debe pasar de sistemas sanitarios centrados en curar a sistemas organizados alrededor de la prevención, un cambio que implica reasignar recursos, reformar la formación profesional y reestructurar la atención.
El contexto demográfico añade urgencia. Italia proyecta una caída de 3 millones de personas en edad de trabajar, y el envejecimiento es una realidad compartida por toda Europa. Bordignon reencuadró la prevención como política industrial y laboral: una población más sana sostiene economías y sistemas de pensiones bajo presión creciente.
Otros expertos abordaron las herramientas que harán posible esa transformación. La investigadora Mónica López destacó el papel de los datos y la inteligencia artificial para evaluar la eficacia vacunal a lo largo del tiempo, mientras Noemí Cívicos subrayó que el Espacio Europeo de Datos de Salud es infraestructura crítica para la interoperabilidad entre países.
Un debate paralelo giró en torno a dónde vacunar en el futuro. Portugal ya avanzó: 7.700 farmacéuticos cualificados administran vacunas en farmacias comunitarias integradas en el sistema nacional de salud. España, en cambio, enfrenta barreras normativas y competenciales que frenan ese modelo. La pregunta que queda abierta es si Europa seguirá el camino portugués o mantendrá estructuras más centralizadas — en un momento en que la conversación ha evolucionado de si las vacunas funcionan a cómo hacerlas funcionar mejor, más rápido y de forma más accesible.
Massimo Bordignon, economista de la Universidad Católica de Milán, presentó ante un auditorio europeo una cifra que resume años de debate sobre el valor de la vacunación: 1,6 millones de vidas salvadas en Europa durante la pandemia de COVID-19. La afirmación llegó durante su intervención magistral en el IV Encuentro de Vacunas y Salud Global de la Fundación Gaspar Casal, un evento celebrado por primera vez en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Pero Bordignon no se detuvo en el recuento de vidas. Su argumento fue más profundo: cada euro invertido en vacunación infantil genera un retorno económico de hasta 37 euros. La inmunización de adultos, según sus análisis, promete perspectivas aún más favorables. Estos números transforman la conversación sobre vacunas de una cuestión meramente sanitaria a una de rentabilidad económica clara, el tipo de dato que resuena en ministerios de hacienda y consejos de administración.
El economista italiano enfatizó una transformación urgente que Europa debe acometer: pasar de sistemas sanitarios centrados en curar enfermedades a sistemas organizados alrededor de la prevención. Esto no es un cambio cosmético. Significa repensar cómo se asignan recursos, cómo se capacita a profesionales, cómo se estructura la atención. Bordignon también señaló que las vacunas protegen contra enfermedades no transmisibles—cáncer, diabetes, patologías cardiovasculares—responsables de más del 65 por ciento de las muertes en Europa. El alcance de la prevención vacunal es más amplio de lo que muchos ciudadanos comprenden.
El contexto demográfico que Bordignon planteó es inquietante. Italia, su país, tiene el 25 por ciento de su población por encima de los 65 años, y se proyecta una caída de 3 millones de personas en edad de trabajar. Este envejecimiento no es un problema italiano aislado; es la realidad de Europa entera. Bordignon reencuadró la prevención como algo más que política sanitaria: es política industrial y laboral. Una población más sana trabaja más, produce más, sostiene sistemas de pensiones bajo presión.
Durante el encuentro, otros expertos ampliaron el análisis hacia las herramientas que harán posible esta transformación. Mónica López, investigadora en estadística e inteligencia artificial en el Área de Investigación en Vacunas de FISABIO, explicó que los datos son materia prima esencial para responder preguntas sobre eficacia e impacto en salud pública a lo largo de toda la vida útil de una vacuna. Noemí Cívicos, directora general de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud, subrayó que el Espacio Europeo de Datos de Salud es infraestructura crítica para fortalecer la interoperabilidad y permitir el uso secundario de datos vacunales entre países.
Un debate paralelo abordó dónde administrar vacunas en el futuro. La farmacia comunitaria emergió como punto de acceso potencial. Portugal ya ha avanzado en este modelo: 7.700 farmacéuticos cualificados administran vacunas, y las farmacias juegan un papel central en campañas de gripe estacional y COVID-19. Hélder Mota-Filipe, presidente de la Ordem dos Farmacêuticos de Portugal, describió cómo esta experiencia ha incrementado significativamente la capacidad y accesibilidad de la vacunación. El modelo portugués incluye formación específica, requisitos de seguridad rigurosos e integración completa con el sistema nacional de salud.
España, según los participantes, enfrenta barreras normativas, competenciales y profesionales que aún condicionan la adopción de este modelo. La pregunta que queda abierta es si otros países europeos seguirán el camino portugués, expandiendo quién puede vacunar y dónde se puede hacer, o si mantendrán estructuras más centralizadas. Lo que está claro es que la conversación ha evolucionado: ya no se trata solo de si las vacunas funcionan, sino de cómo hacer que funcionen mejor, más rápido, y de manera más accesible en una Europa que envejece.
Notable Quotes
El Espacio Europeo de Datos de Salud es infraestructura preceptiva para reforzar la interoperabilidad e impulsar el uso secundario del dato vacunal— Noemí Cívicos, directora general de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud
La experiencia de Portugal en vacunación a cargo de farmacéuticos comunitarios, respaldada por formación específica y requisitos de seguridad, ha incrementado significativamente la capacidad y accesibilidad— Hélder Mota-Filipe, presidente de la Ordem dos Farmacêuticos de Portugal