El 30 de septiembre, Las Tunas se detiene ante sus propios orígenes: 230 años desde que la población dispersa encontró forma de pueblo alrededor de una parroquia, sobre un suelo que antes fue aborigen, luego colonial, luego esclavizado. La celebración no es solo un aniversario; es el acto de una ciudad que se mira al espejo y reconoce las capas de todo lo que tuvo que ocurrir para que ella existiera.