Los sistemas de IA ya no solo generan respuestas: actúan en el mundo, negocian transacciones y toman decisiones durante largos períodos, evolucionando hacia agentes autónomos complejos. Millones de agentes de IA interactuando simultáneamente crearán 'sociedades artificiales' con comportamientos emergentes más impredecibles que los de sistemas individuales, requiriendo nuevos marcos regulatorios.