En el corazón de toda investigación judicial existe un momento en que las pruebas dejan de ser fragmentos dispersos y comienzan a exigir una narrativa coherente. El caso Andic ha llegado a ese umbral: el testimonio de una terapeuta familiar, los registros digitales bajo análisis forense y la incógnita de un viaje a Quito convergen como tres caminos que podrían conducir al mismo destino o alejarse en direcciones opuestas. Las decisiones que tomen jueces y fiscales en las próximas semanas no solo determinarán el rumbo del proceso, sino la clase de verdad que el sistema judicial será capaz de con