Los resultados catastróficos de PISA reflejan una crisis global de atención: la duración media de concentración digital cayó de 2:30 minutos en 2004 a 47 segundos en 2021. El problema no es generacional sino estructural: adultos, adolescentes y niños están expuestos a formatos adictivos de vídeos cortos que fragmentan la capacidad de lectura profunda.