Cada octubre, la Tierra cruza la estela que el cometa Halley ha ido sembrando a lo largo de milenios, y el cielo responde con una lluvia de luz. Las Oriónidas, activas entre el 2 de octubre y el 7 de noviembre, alcanzarán su cenit la noche del 21 al 22 de octubre, ofreciendo hasta 20 meteoros por hora a quienes busquen la oscuridad. Es un recordatorio de que somos vecinos de objetos que apenas rozamos una vez por siglo, y que su paso deja huellas visibles mucho después de que se han ido.
Las Oriónidas iluminarán el cielo en octubre: cuándo y cómo verlas
Fragmentos que viajan a 66 kilómetros por segundo
¿Por qué las Oriónidas son consideradas especiales entre todas las lluvias de meteoros del año?
Su velocidad es extraordinaria. Entran a la atmósfera a 66 kilómetros por segundo, lo que genera esas estelas luminosas brillantes que pueden durar minutos. Eso las distingue visualmente de otros eventos similares.
Pero hay que ser claro: 20 meteoros por hora es el máximo bajo condiciones ideales. Con la luna gibosa este año, probablemente veremos menos.
¿De dónde exactamente vienen estos fragmentos?
Del cometa Halley. Cada 76 años completa su órbita alrededor del Sol. Dejó estos restos hace siglos, y ahora están distribuidos a lo largo de su trayectoria. La Tierra pasa a través de ellos dos veces al año.
Lo importante es que no son nuevos. Estos fragmentos llevan circulando desde hace generaciones. Lo que cambia es nuestra posición relativa al pasar a través de ellos.
¿Cuál es el mejor momento para verlas?
La noche del 21 y 22 de octubre es el pico. Pero técnicamente están activas desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre. Lo ideal es después de medianoche, cuando tu ubicación se enfrenta directamente al flujo de meteoros.
Aunque conviene recordar que "después de medianoche" es local. Depende de dónde estés. Y la luna gibosa va a competir con el brillo de los meteoros.
¿Necesito telescopio o binoculares?
No. De hecho, no se recomiendan. Tu ojo desnudo ve mejor el movimiento completo de los meteoros. Los instrumentos ópticos limitan tu campo de visión.
Eso es correcto. Los telescopios te harían perder la perspectiva general. Necesitas ver el cielo amplio.
¿Quién fue Edmond Halley?
Un astrónomo que en 1705 descubrió que tres cometas diferentes observados en distintas épocas eran en realidad el mismo objeto, regresando cada 76 años. El cometa lleva su nombre.
Lo fascinante es que predijo correctamente. Halley murió en 1742, pero el cometa regresó en 1758 exactamente como él lo había predicho. Eso validó su teoría.
¿Cuándo volverá el cometa Halley?
En 2061. Así que la próxima generación tendrá la oportunidad de verlo directamente, no solo sus restos.
Eso es importante: las Oriónidas son los restos del cometa, no el cometa mismo. Son dos experiencias astronómicas diferentes.
The Pulse
- Fragmentos del cometa Halley entrarán a la atmósfera a 66 kilómetros por segundo, lo suficientemente rápido para dejar estelas luminosas que duran desde segundos hasta varios minutos.
- La luna en fase gibosa creciente amenaza con opacar el espectáculo, reduciendo la cantidad de meteoros claramente visibles para los observadores.
- El pico máximo ocurrirá la noche del 21 al 22 de octubre, cuando las condiciones ideales podrían revelar hasta 20 meteoros por hora desde cualquier punto del planeta.
- Los astrónomos recomiendan alejarse de la contaminación lumínica, acostarse boca arriba con los pies al sureste y dejar que los ojos se adapten a la oscuridad durante al menos 20 minutos.
- No se necesitan telescopios ni binoculares: el ojo humano, libre y adaptado a la noche, es el mejor instrumento para seguir el vuelo completo de estos cuerpos celestes.
Cada octubre, la Tierra cruza la estela que el cometa Halley ha ido sembrando a lo largo de milenios, y el cielo responde con una lluvia de luz. Las Oriónidas, activas entre el 2 de octubre y el 7 de noviembre, alcanzarán su cenit la noche del 21 al 22 de octubre, ofreciendo hasta 20 meteoros por hora a quienes busquen la oscuridad. Es un recordatorio de que somos vecinos de objetos que apenas rozamos una vez por siglo, y que su paso deja huellas visibles mucho después de que se han ido.
Octubre trae uno de los espectáculos astronómicos más esperados del año: las Oriónidas, una lluvia de meteoros formada por los restos que el cometa Halley ha ido dejando a lo largo de su órbita. El evento estará activo desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre, pero su momento cumbre llegará la noche del 21 al 22 de octubre, cuando podrán verse hasta 20 meteoros por hora en condiciones óptimas.
El responsable de este regalo celeste es el cometa 1P/Halley, que completa su vuelta al Sol cada 76 años. Su último paso fue en 1986 y no regresará hasta 2061. Sin embargo, la estela de polvo y roca que ha ido sembrando en su trayectoria persiste, y la Tierra la atraviesa dos veces al año: en octubre produce las Oriónidas, y en mayo, las Eta Acuáridas. El radiante de la lluvia —el punto desde el que parecen brotar los meteoros— se ubicará justo al norte de Betelgeuse, en la constelación de Orión.
Lo que distingue a las Oriónidas es su velocidad: 66 kilómetros por segundo, suficiente para que algunos fragmentos se conviertan en brillantes bolas de fuego. Son visibles desde ambos hemisferios, y el mejor momento para observarlas es después de la medianoche y antes del amanecer. Este año, no obstante, la luna gibosa creciente competirá con el brillo de los meteoros.
Para quienes quieran disfrutarlo, la recomendación es sencilla: buscar un lugar oscuro y alejado de la ciudad, acostarse boca arriba con los pies apuntando al sureste, y dejar que los ojos se adapten a la oscuridad durante unos 20 o 30 minutos. Los telescopios no son necesarios; la visión natural abarca mejor el movimiento de estos fugaces viajeros del espacio.
Octubre trae consigo uno de los espectáculos celestes más esperados del año: las Oriónidas, una lluvia de meteoros que iluminará el cielo nocturno con fragmentos de polvo y roca dejados por el cometa Halley en su órbita alrededor del Sol. Este evento astronómico, que se extiende desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre, alcanzará su máxima intensidad durante la noche del 21 y 22 de octubre, cuando será posible observar hasta 20 meteoros por hora bajo condiciones ideales de oscuridad.
El origen de las Oriónidas se remonta al cometa 1P/Halley, un cuerpo celeste de período corto que completa su órbita alrededor del Sol cada 76 años. Su última aparición fue registrada en 1986, y no volverá a acercarse al sistema solar interior hasta 2061. A lo largo de sus múltiples pasos por la órbita terrestre, el cometa ha dejado una estela de partículas distribuidas a lo largo de su trayectoria. Dos veces al año, la Tierra atraviesa diferentes secciones de esta corriente de escombros: en octubre generan las Oriónidas, mientras que en mayo producen las Eta Acuáridas. El nombre del cometa honra a Edmond Halley, astrónomo que en 1705 descubrió que tres cometas observados en diferentes épocas eran en realidad el mismo objeto, regresando aproximadamente cada 76 años.
Lo que hace especialmente notable a las Oriónidas es la velocidad extraordinaria con la que estos fragmentos atraviesan la atmósfera terrestre: 66 kilómetros por segundo. A esta velocidad, los meteoros dejan estelas luminosas visibles que pueden durar desde apenas unos segundos hasta varios minutos. Algunos de los fragmentos más grandes tienen la capacidad de convertirse en brillantes bolas de fuego que iluminan la bóveda celeste, creando momentos de belleza fugaz pero intensa. Según la NASA, el radiante de esta lluvia de meteoros —el punto del cielo desde el cual parecen originarse— estará ubicado justo al norte de Betelgeuse, la estrella brillante de la constelación de Orión.
Para quienes deseen observar este evento, es importante entender que el radiante no es el único lugar donde mirar. Aunque los meteoros parecen irradiar desde ese punto, la mejor perspectiva se obtiene observando desde un ángulo de entre 45 y 90 grados respecto al radiante. Las Oriónidas son visibles desde ambos hemisferios terrestres, siendo las horas posteriores a la medianoche local y las previas al amanecer el momento óptimo para su observación. Sin embargo, este año el espectáculo enfrentará una competencia lumínica: una luna en fase gibosa creciente podría opacificar el brillo de los meteoros, reduciendo la cantidad de estrellas fugaces claramente visibles.
Para disfrutar plenamente de este evento, los astrónomos recomiendan buscar un lugar alejado de la contaminación lumínica urbana, preferiblemente en altura y sin obstáculos visuales. Llevar consigo un saco de dormir, una manta o una silla plegable contribuye a la comodidad durante la vigilia nocturna. La posición ideal es acostarse boca arriba con los pies apuntando hacia el sureste, mirando hacia el cielo. Es fundamental permitir que los ojos se adapten a la oscuridad durante 20 o 30 minutos antes de esperar ver los meteoros con claridad. Contrario a lo que muchos podrían pensar, los instrumentos ópticos como telescopios o binoculares no son necesarios ni recomendables; el campo de visión natural del ojo humano es suficiente y, de hecho, preferible para captar el movimiento completo de estos cuerpos celestes.
Notable Quotes
El radiante está ubicado justo al norte de la estrella brillante Betelgeuse de la constelación de Orión— NASA