Las memorias de Lena Dunham, escritas como un ajuste de cuentas con su pasado en la industria del entretenimiento, han adquirido un significado radicalmente distinto tras revelarse que se convirtió en madre a través de maternidad subrogada. Lo que fue concebido como confesión retrospectiva se lee ahora como justificación anticipada, sin que una sola palabra haya cambiado en sus páginas. Este desplazamiento de sentido nos recuerda que las narrativas personales no pertenecen únicamente al momento en que fueron escritas: la vida del autor continúa, y con ella, la interpretación de su obra.