Entre el Tigris y el Éufrates, donde la civilización humana aprendió a nombrarse a sí misma, un ecosistema milenario fue convertido en instrumento de castigo político y luego, con esfuerzo colectivo, devuelto parcialmente a la vida. Las marismas de Mesopotamia sobrevivieron la voluntad de un dictador, pero ahora enfrentan una amenaza sin rostro ni intención: el cambio climático que retira el agua con la misma eficacia que los canales de la represión. Lo que queda es una pregunta que trasciende la geografía iraquí: ¿puede un ecosistema —y un pueblo— recuperarse dos veces de dos destrucciones ta
Las marismas de Mesopotamia: del castigo político al colapso climático
La población árabe de los pantanos fue reducida de 250.000 a 40.000 personas entre 1991 y 2003 por detenciones, desplazamientos forzados y asesinatos durante la represión de Saddam Hussein.