Las Ketchup: «Fuimos muy mal asesoradas, nos machacaron sin importarles nada»

Las hermanas sufrieron agotamiento físico y emocional severo durante su apogeo, trabajando sin descanso a pesar de problemas de salud, falta de sueño y mala alimentación.
Tenernos a nosotras es lo que nos ha salvado
Lola Muñoz explica cómo el apoyo mutuo entre hermanas fue lo único que las protegió durante años de explotación laboral.
Mark

¿Qué significa para ustedes que el Aserejé siga sonando en eventos como una final mundial, después de todo lo que pasaron?

Mimi

Es extraño. Pilar ni siquiera sintió emoción. Pero para Lola y Lucía fue bonito, fue como que alguien se acordara. Después de todo lo que nos costó, que la gente siga pensando en nosotras tiene otro sabor ahora.

Mark

Hablan de mal asesoramiento. ¿Qué hubiera pasado si alguien les hubiera dicho que no a todo ese ritmo?

Mimi

No lo sé. Quizás hubiera sido diferente, pero también éramos jóvenes. Lo que sí sé es que nadie nos preguntó cómo estábamos. Nadie preguntó si podíamos seguir. Solo querían más.

Mark

¿Por qué creen que la familia fue lo que las salvó y no, digamos, tomar un descanso?

Mimi

Porque un descanso te lo da alguien. Nosotras nos teníamos la una a la otra. Eso no te lo quita nadie. Cuando todo lo demás era caos, tus hermanas siguen siendo tus hermanas.

Mark

Ahora controlan todo ustedes mismas. ¿Se sienten vengadas de alguna forma?

Mimi

No es venganza. Es justicia. Es poder decir que no, poder cuidarse, poder disfrutar. Lucía lo dice bien: ahora lo disfrutamos desde la madurez. Sabemos lo que cuesta y lo hacemos de otra manera.

Mark

¿Qué le dirían a las bandas jóvenes que están viviendo lo que ustedes vivieron?

Mimi

Que se cuiden. Que el éxito no vale la pena si te destruye. Y que si tienen hermanas, hermanos, familia, que se aferren a eso. Eso es lo real. Lo demás pasa.

  • El Aserejé volvió a sonar ante millones durante la final del Mundial, recordando al mundo que Las Ketchup siguen existiendo, aunque ellas mismas vivieron ese momento con emociones muy distintas entre sí.
  • Detrás del fenómeno global había un sistema de explotación que ignoraba el cuerpo y el bienestar de las hermanas: sin sueño, sin comida, sin descanso, y con managers que miraban hacia otro lado.
  • El vínculo entre las tres hermanas fue el único escudo real contra una industria que las trataba como producto, y esa solidaridad interna fue lo que impidió que la fama las destruyera por completo.
  • Hoy Las Ketchup gestionan su propia carrera con madurez y serenidad, con una agenda desbordada de conciertos en España, Francia y Suiza, y un nuevo disco en desarrollo que llega desde la libertad, no desde la urgencia.

Veinticuatro años después de que el Aserejé sacudiera el mundo, las hermanas Muñoz de Las Ketchup hablan con serenidad sobre el precio oculto de la fama: el agotamiento físico y emocional que sufrieron en silencio mientras una industria las exprimía sin miramientos. Su historia no es solo la de un éxito musical, sino la de tres mujeres que encontraron en el vínculo fraternal la única red de seguridad que nadie más les tendió. Hoy, con mayor control sobre su carrera y un nuevo disco en camino, demuestran que la resiliencia también puede convertirse en legado.

Hace veinticuatro años, el Aserejé convirtió a tres hermanas cordobesas en un fenómeno global. Cuando la canción volvió a sonar ante millones durante la final del Mundial entre España y Argentina, cada una de las hermanas Muñoz la recibió de manera distinta: Pilar con indiferencia casi extrañada de sí misma, Lola y Lucía con la alegría de saberse recordadas. Hoy tienen 44, 45 y 47 años, y hablan de aquella época con una claridad que solo da el tiempo.

El éxito llegó sin aviso y sin preparación. El compositor Manuel Ruiz Queco recuerda que todo empezó en un bar, con una libreta llena de letras y muchas risas, pero lo que vino después fue brutal. Las hermanas nunca pudieron disfrutar del vértigo porque el cansancio se lo impedía. Fueron, según sus propias palabras, muy mal asesoradas: managers que ignoraban si habían dormido, si habían comido, si su cuerpo aguantaba. Lola lo describe sin rodeos: el objetivo era exprimir al máximo, aunque eso las machacara. Y aun así, salían al escenario con su mejor sonrisa.

La fama también les regaló momentos extraordinarios: una gira en Japón con jornadas que comenzaban antes del amanecer, un templo budista en Tailandia, el encuentro de Pilar con David Bowie. Pero ninguno de esos instantes fue lo que las sostuvo. Lo que las salvó, dicen las tres, fue tenerse la una a la otra.

Hoy todo es diferente. Gestionan su carrera ellas mismas, con una agenda llena de conciertos en España, Francia y Suiza, y un nuevo disco en proceso. Lucía lo resume mejor que nadie: siguen disfrutando del escenario más que antes, desde la madurez y sin el peso de la explotación. Lola añade que este verano, por primera vez, no le ha dado miedo. El éxito que casi las destruyó es ahora, completamente, suyo.

Hace veinticuatro años, una canción llamada Aserejé se convirtió en un fenómeno global. El domingo 19 de julio pasado, durante la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina, millones de personas la escucharon de nuevo en una pausa de hidratación. Para Pilar Muñoz, una de las tres hermanas que formaban Las Ketchup, el momento no despertó entusiasmo especial. "Tengo que ser muy rara", dice. Sus hermanas Lola y Lucía sintieron algo diferente: la alegría de ser recordadas, de que después de tanto tiempo alguien seguía pensando en ellas.

Las tres hermanas Muñoz hablan ahora desde la comodidad de sus casas, cada una en el rincón donde se siente más a gusto. Tienen 44, 45 y 47 años. Hablan de fama, de un éxito que las llevó a lugares que nunca imaginaron, y de un cansancio que casi las destruye. Pero también hablan de una carrera que sigue muy viva. Hace apenas tres días actuaron en el Pride de Barcelona. El verano que tienen por delante está lleno de conciertos dentro y fuera de España. En 2027 se cumplirán 25 años desde que Manuel Ruiz Queco, el compositor y productor, se sentó en un bar con las hijas de El Tomate. "Trajeron una libreta llena de letras con canciones. Aquello duró poco tiempo, pero fue muy intenso y hubo muchas risas", recuerda él.

Lo que vino después fue diferente. El éxito las golpeó sin aviso, sin tiempo para prepararse. "Salíamos fríos al campo", dice Queco. Las hermanas nunca se permitieron la euforia que otros hubieran sentido. "Hemos tenido los pies en la tierra. Nunca nos hemos dicho, ay qué bien, qué flipe, ojalá no se vaya. Casi no pudimos disfrutar nada por culpa del cansancio", comenta Pilar. Lola añade que desde el principio procuró mantener distancia de todo aquello, no verse en conciertos ni en televisión, siempre buscando la estabilidad junto a sus hermanas. Pero la realidad fue brutal. "Hemos sido muy mal asesoradas", dice Lola. "Si no fuera porque trabajo con mis hermanas yo tendría otro curro, estaría haciendo otras cosas, porque es demoledor. El trabajo que hicimos hace 24 años hoy no se hace así."

Lo que describe es un sistema de explotación que ignoraba completamente el cuerpo humano. "A todos les daba exactamente igual que te hubieras despertado ese día en mitad de la noche sin saber dónde estabas, les daba igual que no te hubiera dado tiempo a comer, que tuvieras la regla y te doliera todo el cuerpo", cuenta Lola. Lucía, que habla poco pero con precisión, lo resume así: el objetivo era exprimir todo lo posible, aunque eso las machacara. "Y aun así, hemos ido a trabajar con nuestra mejor sonrisa", aclara. Pilar recuerda el momento en que cogió el primer avión, luego otro, y después otro. Le dijo a su madre que no sabía si su cuerpo iba a resistir. Pero resistió.

La fama las llevó a lugares extraordinarios. Recuerdan una gira en Japón de cinco días que comenzaba cada mañana a las cinco. Pero antes, alrededor de las 3:30, un grupo de mujeres entraba en sus habitaciones para decirles qué ropa debían ponerse, para que hubiera tiempo de hacerlo todo. Visitaron un templo budista en Tailandia, uno de esos regalos inesperados que el trabajo les trajo. Pilar se cruzó con David Bowie. "Lo sigo amando hoy y me encanta su música, tenerlo cerca fue la leche", dice. Pero lo que realmente las salva no fue ninguno de esos momentos. Fue tenerse la una a la otra. "Tenernos a nosotras es lo que nos ha salvado", dice Lola.

Hoy, casi un cuarto de siglo después, todo es diferente. Lucía es la que mejor lo explica: "Me sigue sorprendiendo que tantos años después salgamos al escenario y nos lo sigamos pasando tan bien, que no podamos irnos de vacaciones porque tenemos muchísimo trabajo, y que sepamos disfrutarlo ahora más que antes, desde la madurez y gestionándolo todo nosotras mismas". Están terminando un nuevo disco. Este verano irán y vendrán a Francia para actuar, cantarán en Suiza, en España. Lola dice que siempre temía las giras de verano, pero este año no ha habido diferencia con otros meses. "En verano no paramos y en invierno últimamente tampoco. Y a dios gracias", dice Lucía. Más maduras, más serenas, con la agenda llena. "Y culpa cero", afirma Lola. El éxito que casi las destruye ahora es suyo, completamente suyo.

A todos les daba exactamente igual que te hubieras despertado ese día en mitad de la noche sin saber dónde estabas, les daba igual que no te hubiera dado tiempo a comer, que tuvieras la regla y te doliera todo el cuerpo
— Lola Muñoz
Me sigue sorprendiendo que tantos años después salgamos al escenario y nos lo sigamos pasando tan bien, y que sepamos disfrutarlo ahora más que antes, desde la madurez y gestionándolo todo nosotras mismas
— Lucía Muñoz
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