Las grandes tecnológicas apuestan por los anillos inteligentes como futuro de los wearables

El anillo es invisible, pero el smartwatch es más versátil
La tensión entre comodidad de uso y funcionalidad en los nuevos wearables de dedo.
Mark

¿Por qué ahora? Oura lleva desde 2015 vendiendo anillos inteligentes. ¿Qué cambió para que Samsung y Apple se interesen de repente?

Mimi

La madurez tecnológica. Durante años, los sensores eran demasiado grandes, la batería duraba poco, el diseño era comprometido. Ahora puedes meter sensores fotopletismográficos, acelerómetros en tres ejes y todo en 2 gramos. Samsung entró al mercado y eso ejerció presión sobre los demás.

Luke

Pero ¿sabemos realmente que Apple está desarrollando un anillo? Tenemos patentes de 2015 a 2023, pero las patentes no garantizan nada. Mark Gurman escribió que deberían considerarlo, pero eso es análisis, no confirmación.

Mark

Justo. ¿Cuál es la diferencia real entre un anillo inteligente y un smartwatch? ¿Vale la pena cambiar?

Mimi

La captura de datos. Un anillo se coloca en un dedo, que es un entorno controlado. Un smartwatch depende de la postura, de cómo lo lleves puesto. El anillo te da mediciones más precisas de frecuencia cardíaca, temperatura, sueño.

Luke

Aunque hay que notar que la batería sigue siendo el cuello de botella. Cinco a siete días es mejor que antes, pero un smartwatch moderno también dura varios días. No es una diferencia revolucionaria.

Mark

¿Entonces por qué los expertos hablan de un futuro tan prometedor?

Mimi

Porque van más allá del monitoreo básico. Apple está explorando interfaces hápticas, autenticación biométrica, integración clínica. No es solo un contador de pasos en tu dedo.

Luke

Pero eso sigue siendo especulación basada en patentes. Lo que sabemos es que Samsung ya vende el Galaxy Ring a 449 euros y Oura lleva años en el mercado. Todo lo demás es potencial.

Mark

¿Cuál es el verdadero diferenciador entonces?

Mimi

El contacto continuo con la piel sin comprometer la ergonomía. Puedes llevar un anillo todo el día sin que te moleste. Un smartwatch es más visible, más pesado. El anillo es invisible.

Luke

Invisible, sí, pero también menos versátil. No tienes pantalla, no puedes ver notificaciones. Es un trade-off que algunos usuarios aceptarán y otros no.

  • Samsung entró al mercado en 2024 con el Galaxy Ring a 449 euros, desencadenando una carrera entre gigantes tecnológicas que hasta entonces observaban desde la distancia.
  • Apple acumula patentes desde 2015 y analistas como Mark Gurman presionan públicamente para que la compañía lance su propio anillo antes de perder terreno en el segmento de wearables de salud.
  • Los anillos superan técnicamente a los smartwatches en precisión fisiológica: el contacto estable con el dedo reduce el ruido en las mediciones de sueño, estrés y frecuencia cardíaca.
  • Expertos como Paula Lamo descartan que sea una moda: la democratización apenas comienza y el siguiente paso apunta a funciones clínicas certificadas e integración profunda con ecosistemas de salud.
  • Lo que era un producto de nicho hace una década se consolida hoy como una categoría central de los wearables, impulsada por la convergencia entre miniaturización, autonomía de batería y diseño.

Desde que Samsung lanzó el Galaxy Ring en 2024, los anillos inteligentes han dejado de ser un experimento de nicho para convertirse en una apuesta estratégica de las grandes tecnológicas. Lo que Oura inició en 2015 como una propuesta minoritaria se ha transformado, gracias a la madurez de los sensores biométricos y la eficiencia energética, en una categoría que Apple y Xiaomi ya no pueden ignorar. En el dedo —ese pequeño territorio de contacto constante con el cuerpo— la tecnología encuentra quizás su forma más íntima y continua de escuchar al ser humano.

Cuando Samsung presentó el Galaxy Ring en septiembre de 2024 a 449 euros, no estaba inventando nada radicalmente nuevo —la empresa finlandesa Oura llevaba casi una década vendiendo anillos inteligentes—, pero sí estaba cambiando la escala del juego. La entrada de un gigante como Samsung fue la señal que otras compañías esperaban para moverse en serio.

El Galaxy Ring pesa apenas entre 2,3 y 3,0 gramos y utiliza inteligencia artificial para analizar patrones de sueño con una precisión que rivaliza con los smartwatches convencionales. Oura, por su parte, mantiene su ventaja con un ecosistema de suscripción que monitorea desde la salud cardíaca hasta el estrés metabólico, todo en titanio y con una semana de batería. La competencia ya es real.

Apple y Xiaomi observan y patentan. Apple ha registrado múltiples patentes entre 2015 y 2023 para un anillo con tecnología NFC e integración con sus Vision Pro, mientras que Xiaomi trabaja en un diseño autoelástico orientado al monitoreo de salud. El analista Mark Gurman ya ha señalado públicamente que Apple debería acelerar ese desarrollo para no perder su posición en el mercado de wearables.

La razón técnica detrás de este auge es concreta: los anillos capturan datos fisiológicos con mayor precisión que los relojes porque el dedo ofrece un entorno de contacto más estable y controlado. Sensores fotopletismográficos, acelerómetros de tres ejes y termómetros de alta precisión caben hoy en poco más de dos gramos sin sacrificar el diseño.

Los expertos son categóricos: esto no es una moda. Paula Lamo, profesora especializada en Internet de las Cosas, sostiene que la democratización de estos dispositivos apenas ha comenzado y que el horizonte apunta hacia funciones clínicas certificadas, autenticación biométrica e integración profunda con plataformas de salud como HealthKit. Lo que empezó como un accesorio de nicho se está convirtiendo en el próximo frente central de los wearables.

Samsung lanzó el Galaxy Ring en septiembre de 2024 a un precio de 449 euros, marcando el momento en que las grandes tecnológicas decidieron apostar seriamente por los anillos inteligentes como categoría de producto. No se trata de un invento nuevo. La compañía finlandesa Oura ya comercializaba anillos inteligentes desde 2015, y su dispositivo más reciente, el Oura Ring 4, se vende desde los 399 euros con una batería que dura una semana completa. Pero lo que cambió fue la escala: cuando Samsung entró al mercado, otras gigantes tecnológicas comenzaron a explorar en serio sus propias versiones.

El Galaxy Ring de Samsung pesa entre 2,3 y 3,0 gramos según la talla y ofrece capacidades de monitoreo que rivalizan con los smartwatches convencionales. La compañía aprovechó su tecnología Galaxy AI para desarrollar un algoritmo potente que analiza patrones de sueño con mayor precisión. Oura, mientras tanto, ofrece un sistema por suscripción de 69,99 euros anuales que monitorea salud cardíaca, actividad, estrés, sueño, descanso y salud metabólica, todo integrado en un dispositivo de titanio con diseño minimalista.

Apple y Xiaomi no están lejos de seguir el mismo camino. Apple ha registrado varias patentes entre 2015 y 2023 para un anillo inteligente que funcionaría con tecnología NFC e integraría funciones de sus Vision Pro. El analista Mark Gurman escribió en Bloomberg que Apple debería considerar seriamente desarrollar un anillo inteligente para impulsar su línea de wearables de seguimiento de actividad y ampliar su mercado. Xiaomi, por su parte, registró una patente para un anillo con ajuste autoelástico diseñado para monitoreo de datos de salud.

Los expertos descartan que se trate de una moda pasajera. Paula Lamo Anuarbe, profesora del Máster en Internet de las Cosas de la Universidad Internacional de La Rioja, sostiene que los anillos inteligentes llevan más de un año en las listas de productos recomendados como regalos originales y que su democratización apenas ha comenzado. El argumento técnico es sólido: estos dispositivos integran sensores biométricos en un formato que maximiza el contacto con la piel sin sacrificar la ergonomía. Algunos modelos ya incluyen sensores fotopletismográficos, sensores de temperatura de alta precisión y acelerómetros en tres ejes, todo en poco más de 2 gramos.

La ventaja sobre los smartwatches es medible. Los anillos inteligentes capturan datos fisiológicos con mejor relación señal-ruido porque se colocan en un dedo, típicamente el índice o anular, que proporciona un entorno más controlado para mediciones continuas y precisas. Los smartwatches, en cambio, dependen de variaciones posturales y de una presión que frecuentemente es inestable en la piel. Con autonomía de batería de cinco a siete días en modelos como el Oura Ring y el Ultrahuman Ring, estos dispositivos ya son funcionales para reemplazar pulseras de actividad en escenarios específicos como análisis longitudinal del sueño, estrés y entrenamientos.

La madurez tecnológica explica por qué las grandes compañías se mueven ahora. Lamo señala que las filtraciones sobre Apple evidencian que están explorando funciones más allá del simple tracking de actividad: interfaces hápticas, sensores ópticos modulares, integración con HealthKit y autenticación biométrica. Estas son capas de interacción que no dependen de interfaces visuales ni comandos explícitos. Cuando Apple finalmente lance su anillo, probablemente lo hará con una propuesta centrada en integración de datos en su ecosistema de salud, privacidad diferencial en la transmisión de datos y posiblemente nuevos usos en entornos clínicos certificados.

Las limitaciones técnicas que retrasaron estos lanzamientos ya no existen. Ahora es posible crear productos competitivos con sensores de alta calidad sin sacrificar el diseño, que es una de las señas de identidad de estas empresas. El futuro que los expertos predicen es muy prometedor: estos anillos no son una moda, sino el resultado lógico de la convergencia entre avances en sensorización, eficiencia energética y usabilidad. Lo que comenzó como un producto de nicho hace una década se está convirtiendo en una categoría central de los wearables.

Los anillos inteligentes no son una moda. Son el resultado lógico de la convergencia entre los últimos avances en sensorización, la eficiencia energética y la usabilidad
— Paula Lamo Anuarbe, profesora del Máster en Internet de las Cosas de la UNIR
Apple debería considerar seriamente desarrollar un anillo inteligente para impulsar sus wearables de seguimiento de actividad y ampliar su mercado
— Mark Gurman, analista de Bloomberg
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