En el intestino humano habita una comunidad de bacterias que, lejos de limitarse a ayudar en la digestión, parece leer el paso del tiempo a partir de lo que comemos. Una investigación de la Universidad Carnegie Mellon sugiere que, sin acceso a la luz que marca el día, estos microorganismos usan el fitato de frutos secos, semillas y cereales como señal para indicar al cuerpo cuándo conviene absorber nutrientes. Es una antigua alianza forjada en tiempos de escasez, cuyo eco podría pesar hoy, en un mundo de abundancia, sobre la obesidad; aun así, el hallazgo se apoya en ratones y su alcance en la
Las bacterias intestinales usan los alimentos como reloj y regulan cuándo absorbemos nutrientes
Sin luz, las bacterias usan la comida para medir el tiempo
¿Cuál es la idea central del estudio?
Que ciertas bacterias del intestino usan la comida como reloj. Al descomponer el fitato, producen moléculas que avisan a las células intestinales de que llegó alimento.
¿Y qué hacen esas células con el aviso?
Una proteína se activa y enciende genes de absorción de nutrientes. El cuerpo aprovecha mejor la comida en el momento oportuno.
Conviene precisar el alcance: el mecanismo se describió con una cepa bacteriana concreta, no con todo el microbioma.
¿Y la parte de la obesidad?
En ratones, las bacterias que activan esta vía favorecieron la acumulación de grasa con dietas ricas en calorías.
Eso es en ratones. El texto no dice que se haya comprobado en personas, y la implicación para la obesidad humana es, por ahora, una hipótesis de los autores.
¿Por qué lo plantean como herencia evolutiva?
Kuang dice que obtener calorías era vital hace millones de años. Hoy, con comida calórica constante, ese sistema puede jugar en contra.
Y esa explicación evolutiva es su interpretación; el estudio, tal como se cuenta, no la demuestra por sí mismo.
O Pulso
- Bacterias del intestino detectan el fitato de los alimentos y lo convierten en una señal que activa la absorción de nutrientes.
- La señal llega a una proteína de las células intestinales que enciende los genes de absorción, cambiando cuánta energía retiene el cuerpo.
- En ratones alimentados con dietas ricas en calorías, estas bacterias favorecieron la acumulación de grasa, encendiendo las alarmas sobre el metabolismo.
- Los investigadores plantean que un mecanismo útil en la evolución podría hoy contribuir a problemas metabólicos como la obesidad.
- La conclusión sigue en suspenso: aún falta confirmar en personas si esta vía tiene la misma relevancia que en los modelos animales.
En el intestino humano habita una comunidad de bacterias que, lejos de limitarse a ayudar en la digestión, parece leer el paso del tiempo a partir de lo que comemos. Una investigación de la Universidad Carnegie Mellon sugiere que, sin acceso a la luz que marca el día, estos microorganismos usan el fitato de frutos secos, semillas y cereales como señal para indicar al cuerpo cuándo conviene absorber nutrientes. Es una antigua alianza forjada en tiempos de escasez, cuyo eco podría pesar hoy, en un mundo de abundancia, sobre la obesidad; aun así, el hallazgo se apoya en ratones y su alcance en las personas está por demostrar.
Las bacterias del intestino no solo ayudan a digerir la comida. Según una investigación de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, también pueden indicarle al organismo cuándo es momento de absorber nutrientes, conectando el microbioma con los ritmos biológicos y el metabolismo.
Normalmente, los relojes biológicos se guían por la luz solar. Pero los investigadores han descubierto que algunas señales temporales nacen dentro del propio intestino. Zheng Kuang, profesor asociado del Departamento de Ciencias Biológicas y autor del trabajo, lo resume así: estas bacterias no ven la luz, así que usan la comida como reloj.
El equipo estudió una cepa capaz de metabolizar el fitato, presente en frutos secos, semillas y cereales. Al descomponerlo, las bacterias liberan moléculas que activan una proteína intestinal, la cual pone en marcha los genes de absorción. El cuerpo detecta que hay alimento y aprovecha mejor lo que contiene.
Kuang explica que esta relación se forjó a lo largo de millones de años, cuando conseguir suficientes calorías era vital. En ratones con dietas ricas en calorías, las bacterias que activaban esta vía favorecieron la acumulación de grasa. Para Kuang, lo que antes ayudaba a sobrevivir hoy, con comida calórica siempre disponible, podría contribuir a problemas metabólicos como la obesidad. Queda por comprobar si en las personas el mecanismo tiene el mismo peso.
Las bacterias del intestino no se limitan a ayudar a digerir la comida. Según una investigación de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, también pueden indicarle al organismo cuándo es el momento de absorber los nutrientes. El trabajo, difundido por la propia universidad, conecta el microbioma intestinal con los ritmos biológicos y con el metabolismo.
Los relojes biológicos suelen asociarse a la luz solar, que ayuda a regular los ciclos de sueño y vigilia. Los investigadores han encontrado que algunas señales temporales pueden venir del interior del cuerpo, del propio intestino. Según el estudio, determinadas bacterias toman los alimentos como referencia de tiempo y producen moléculas que envían señales a las células intestinales.
Zheng Kuang, profesor asociado del Departamento de Ciencias Biológicas de Carnegie Mellon y autor del trabajo, lo explica así: estas bacterias no tienen acceso a la luz, de modo que usan la comida como señal para medir el tiempo.
Para estudiar el mecanismo, el equipo analizó una cepa bacteriana capaz de metabolizar el fitato, un compuesto natural presente en frutos secos, semillas y cereales. Al descomponerlo, las bacterias generan moléculas que activan una proteína de las células intestinales. Esa proteína, a su vez, pone en marcha los genes responsables de la absorción de nutrientes. Así, el organismo detecta que hay alimento y aprovecha mejor lo que contiene.
Según Kuang, esta relación se fue desarrollando a lo largo de millones de años de evolución, en una época en la que conseguir suficientes calorías era fundamental para sobrevivir.
Los investigadores también examinaron qué ocurre con este sistema en modelos de ratón. Los resultados indicaron que las bacterias capaces de activar esta vía metabólica favorecían la acumulación de grasa cuando los animales seguían dietas ricas en calorías.
Kuang lo resume señalando que en el pasado esta relación ayudó a crecer y sobrevivir, pero que hoy el entorno es distinto, con acceso constante a alimentos muy calóricos. Un sistema que antes era beneficioso, advierte, ahora puede contribuir a problemas metabólicos, entre ellos la obesidad.
Queda por confirmar si este mecanismo tiene la misma relevancia en las personas, ya que los datos sobre la acumulación de grasa proceden de ratones.
Citações Notáveis
Estas bacterias no tienen acceso a la luz; utilizan los alimentos como señal para medir el tiempo.— Zheng Kuang, profesor asociado de Ciencias Biológicas, Carnegie Mellon
Un sistema que antes era beneficioso ahora puede contribuir a problemas metabólicos.— Zheng Kuang