Las aguas residuales no discriminan, no mienten, no olvidan
Las aguas residuales proporcionan información en tiempo real sobre hábitos de población: horarios, consumo de drogas, medicamentos, alcohol y comportamientos ambientales que encuestas tradicionales no capturan. El Carmel (renta baja) madruga más y consume menos contaminantes; Poblenou (renta media) muestra mayor alcohol y café; Sant Gervasi (renta alta) presenta mayor resistencia a antibióticos y tira más aceite.
- Tres barrios monitoreados: Carmel (25.849€ renta media), Poblenou (38.430€), Sant Gervasi (78.476€)
- El Carmel madruga 1-1,5 horas más que Poblenou; Sant Gervasi muestra mayor resistencia a antibióticos
- Solo el 7% en Poblenou tira toallitas húmedas por el váter, frente al 13% en Sant Gervasi
- Proyecto ScoreWater: primer estudio de este tipo en España, posiblemente en Europa
Un estudio pionero en Barcelona analiza aguas residuales de tres barrios con diferentes rentas, revelando patrones de consumo de drogas, fármacos, alcohol y hábitos ambientales sin precedentes en España.
Las alcantarillas de Barcelona guardan secretos que ninguna encuesta podría revelar. Durante un año, investigadores colocaron tres estaciones de monitoreo en pequeños colectores de tres barrios distintos —el Carmel, Poblenou y Sant Gervasi— y analizaron lo que sus habitantes tiraban por el váter, el fregadero y la ducha. Lo que encontraron fue un retrato químico de cómo vive cada comunidad: a qué hora se despiertan, cuánto beben, qué drogas consumen, si toman antibióticos sin receta, incluso si tiran aceite de cocina por la cañería. El proyecto ScoreWater, coordinado por el Instituto Catalán de Investigación del Agua, es el primero de su clase en España y probablemente en Europa.
Las aguas residuales contienen información que no se puede obtener de otra manera. Dentro de ellas flotan restos de orina, heces, comida, aceites, químicos de jabones y detergentes, plásticos, papel. Cuando los investigadores analizan estas muestras, no buscan solo contaminación: buscan metabolitos, los residuos que el cuerpo humano expulsa después de procesar sustancias. Si alguien bebe café, su metabolito aparece en el agua. Si consume cocaína, su rastro químico queda registrado. Si toma antibióticos, los genes de resistencia bacteriana se detectan. Lluís Corominas, el coordinador del estudio y especialista en aguas residuales del ICRA, explica que este método captura lo que las encuestas no pueden: la gente miente sobre sus hábitos, las estadísticas de incautaciones son incompletas, los datos de farmacias públicas no incluyen recetas privadas. Las aguas residuales no discriminan, no mienten, no olvidan.
Los tres barrios fueron elegidos deliberadamente por sus diferencias económicas. El Carmel tiene una renta media de 25.849 euros por hogar. Poblenou, 38.430. Sant Gervasi, 78.476. Las muestras se tomaron en colectores que servían entre 8.000 y 18.000 vecinos, durante semanas seleccionadas de las cuatro estaciones para evitar distorsiones por puentes o vacaciones. Los investigadores también realizaron encuestas a 350 vecinos en cada barrio para complementar los datos químicos con información que solo los propios habitantes podían proporcionar.
Los resultados dibujaron un mapa sorprendente de desigualdades. En el Carmel, los vecinos se despiertan entre una y una hora y media más temprano que en Poblenou, según el pico de consumo de agua en las primeras horas del día. El consumo total de agua es menor. Se van de vacaciones pero no de fin de semana, porque el uso de agua no varía entre días laborables y festivos. Hay menos parabenos, filtros solares y plastificantes en sus aguas. Corominas señala algo contraintuitivo: la población con menos renta está menos expuesta a ciertos contaminantes ambientales, no más.
En Poblenou, los análisis detectaron mayor presencia de alcohol, café y tabaco, aunque los investigadores advierten que la zona monitoreada incluye parte de la rambla del barrio, donde hay bares con terraza que pueden haber influido en los resultados. Hay más restos de comida. El 22% de los vecinos declara usar toallitas húmedas diariamente, pero aquí aparece una paradoja: aunque muchos las usan, solo el 7% las tira por el váter. En Sant Gervasi, ese porcentaje sube al 13%.
Sant Gervasi reveló el hallazgo más preocupante: una concentración elevada de genes de resistencia a antibióticos en las aguas. Las encuestas explicaron por qué: los vecinos guardan medicamentos sobrantes de tratamientos anteriores y los toman sin receta cuando creen que los necesitan. Los investigadores identificaron este barrio como prioritario para una campaña de concienciación sobre consumo responsable de fármacos. También en Sant Gervasi, los patrones horarios son más flexibles, probablemente vinculados a trabajos con horarios variables. Los vecinos se van de vacaciones. Tiran más aceite de cocina por el fregadero, aunque las encuestas revelan que solo el 10% de los adultos admite hacerlo, mientras que el 25% de los jóvenes lo declara.
El estudio también detectó diferencias significativas en los patrones de consumo de drogas entre los tres barrios, pero los investigadores decidieron no publicar esos resultados y los entregaron directamente a las autoridades sanitarias. Las muestras se recogieron entre marzo de 2021 y marzo de 2022, y el proyecto completo se extendió cuatro años, de 2019 a 2022. Aunque se tomaron muestras de alimentos que podrían haber revelado hábitos dietéticos, no fueron analizadas en este primer trabajo. Los investigadores subrayan que ScoreWater es un piloto, una prueba de concepto. Ya están pidiendo replicarlo en otras ciudades. Lo que han demostrado es que las alcantarillas hablan más que cualquier encuesta, más que cualquier estadística oficial. Solo hay que saber escuchar.
Notable Quotes
En el agua hay información muy relevante, que no tienes otra forma de encontrar. El estudio es pionero en España y ya nos están pidiendo replicarlo en otras ciudades.— Lluís Corominas, coordinador del estudio e investigador del ICRA
Analizar aguas residuales te explica qué pasa en la ciudad sin necesidad de hacer encuestas. Proporciona datos sobre hábitos de consumo o salud muy difíciles de obtener de otras maneras.— Elena Domene, ambientóloga del Instituto Metròpoli
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué las aguas residuales son más confiables que lo que la gente dice en una encuesta?
Porque no hay intención detrás. Cuando alguien responde un cuestionario sobre cuánto bebe o qué drogas consume, puede mentir por vergüenza o miedo. Las aguas residuales no tienen esa opción. El metabolito del alcohol está ahí o no está. El rastro químico de la cocaína aparece o desaparece. Es información sin filtro.
Pero entonces, ¿qué información se pierde? ¿Qué no pueden decirte las aguas residuales?
No pueden decirte quién lo hizo. Si el agua de un colector tiene restos de cocaína, sabes que alguien en esa zona la consumió, pero no sabes si fue un hombre o una mujer, joven o viejo, rico o pobre. Por eso necesitas la encuesta. Las aguas te dan el qué; la encuesta te da el quién.
¿Qué te sorprendió más de los resultados?
Que el barrio más pobre, el Carmel, estuviera menos expuesto a ciertos contaminantes ambientales. Tendemos a asumir que la pobreza significa más exposición a todo lo malo. Pero aquí pasaba lo contrario en algunos casos. Madrugan más, consumen menos agua, tienen menos parabenos y filtros solares. Es un recordatorio de que las desigualdades no siempre funcionan como esperamos.
¿Y Sant Gervasi? ¿Qué vieron en el barrio rico?
Resistencia a antibióticos. Mucha. Y cuando preguntaron por qué, descubrieron que la gente guardaba medicinas sobrantes y se las tomaba sin receta. Es un problema de acceso, paradójicamente. Tienen dinero para comprar antibióticos, pero no siempre consultan a un médico. Tiran más aceite de cocina también, aunque menos gente lo admite.
¿Qué harán con esta información ahora?
Campañas específicas. En Sant Gervasi, una sobre consumo responsable de antibióticos. En Poblenou, quizá sobre cómo deshacerse de toallitas húmedas. Pero lo más importante es que han probado que esto funciona. Otros municipios ya quieren replicarlo. Las alcantarillas pueden convertirse en un sistema de vigilancia de salud pública que nadie sabía que tenían.