En octubre de 1889, la voz de un hombre de 88 años quedó atrapada en cera por primera vez en la historia de la humanidad. Helmuth von Moltke, militar alemán de otra era, recitó a Shakespeare y a Goethe ante un fonógrafo de Edison, sin saber que ese gesto íntimo y literario lo convertiría en el primer ser humano cuya voz sobreviviría al tiempo. Durante décadas, los cilindros durmieron olvidados en los archivos del inventor, hasta que en 1957 el mundo descubrió, con asombro tardío, que había estado custodiando sin saberlo el primer eco de la voz humana.