Durante un siglo, cada generación ha recibido una promesa renovada: que el ingenio arquitectónico puede abrir las puertas de la vivienda digna a quienes más la necesitan. Del racionalismo modernista al coliving y las tiny houses, la forma cambia pero la convicción permanece. Sin embargo, la historia revela que el diseño, por brillante que sea, choca siempre con la misma realidad: el precio del suelo, la lógica del mercado y las decisiones políticas que ningún plano puede sustituir. La democratización de la vivienda no es un problema de forma, sino de poder.