Cuando Cirsa decidió abrirse al mercado bursátil en julio de 2025, inscribió en su folleto una cláusula que anticipaba lo imprevisible: si algún día la empresa cambiaba de manos, sus directivos no tendrían que esperar años para ver recompensado su trabajo. Ahora, con la absorción por parte del grupo italiano Lottomatica en marcha, ese mecanismo cobra vida y podría distribuir millones de euros en acciones entre el consejero delegado Antonio Hostench y unos cincuenta altos directivos. La historia nos recuerda que las grandes transacciones corporativas rara vez son solo cambios de propietario: ta