Desde hace décadas, el cinturón verde del planeta se desplaza silenciosamente hacia el noreste, como si la Tierra estuviera reorientando su propio aliento. Investigadores de Leipzig, Valencia y otras instituciones han desarrollado un método para rastrear ese movimiento global de la vegetación, calculando un «centro de masa» del verdor terrestre que funciona como brújula de la biosfera. El CO₂ creciente y las temperaturas más altas actúan como fuerzas invisibles que empujan la vida vegetal hacia regiones antes menos exuberantes, revelando que el cambio climático no transforma el planeta de mane