La vacuna recombinante reduce cardiopatía isquémica (10%), insuficiencia cardíaca (12%) e ictus (12%), pero solo esta formulación muestra beneficio cardiovascular. Los investigadores aprovecharon el cambio de vacunas en EE.UU. en 2017 para evitar sesgos, analizando 70.000 personas mayores de 60 años durante siete años.