En un momento que marca un giro significativo en la diplomacia económica occidental, la Unión Europea ha formalizado su descontento con China a través de la adopción de un informe en la comisión AFET, mientras Ursula von der Leyen advierte que el desequilibrio comercial entre ambos bloques ha alcanzado un punto de quiebre. Bruselas no habla ya de paciencia indefinida, sino de herramientas concretas y plazos implícitos, situando la relación UE-China ante una encrucijada que pondrá a prueba tanto la voluntad negociadora de Pekín como la cohesión del bloque europeo.