En el cruce entre el poder institucional y la intimidad personal, una plataforma de vigilancia llamada Flock ha revelado una de las tensiones más antiguas de la vida democrática: quién vigila a quienes vigilan. Con más de 120.000 cámaras de inteligencia artificial operando sin orden judicial en Estados Unidos, al menos 50 agentes de policía han utilizado el sistema para rastrear, acosar y violentar a mujeres, convirtiendo una herramienta diseñada para combatir el crimen en un instrumento de control íntimo. Lo que emerge no es solo un fallo tecnológico, sino un espejo de lo que ocurre cuando el
La tecnología de vigilancia policial se convierte en arma de acoso contra mujeres
Decenas de mujeres han sido acosadas, asaltadas, rastreadas obsesivamente y coercionadas por agentes de policía usando tecnología de vigilancia, incluyendo casos de coerción reproductiva y violencia doméstica.