Este domingo, Suecia celebra unas elecciones que trascienden sus fronteras: la socialdemocracia, movimiento que durante más de un siglo definió el modelo nórdico de bienestar, se juega en su cuna histórica una segunda oportunidad. Magdalena Andersson, primera mujer en gobernar el país, aspira a recuperar el poder con una promesa de mayor justicia fiscal, pero la aritmética parlamentaria y el ascenso de la ultraderecha convierten el resultado en algo que ninguna encuesta puede garantizar. Lo que se decide en las urnas suecas no es solo quién gobierna Estocolmo, sino si la izquierda europea aún