El cuerpo humano comunica su necesidad de agua mucho antes de que la sed aparezca, pero hemos aprendido a ignorar ese lenguaje silencioso. La fatiga sin causa, el dolor de cabeza leve y la orina oscura son mensajes que llegan cuando ya hay un déficit real, uno que la ciencia ha demostrado suficiente para erosionar la concentración y el ánimo incluso en reposo. Reconocer estas señales no es un acto de hipocondría, sino de escucha: el cuerpo avisa con discreción antes de recurrir a la alarma.