La represión en Rusia de Putin avanza hacia confrontación con Occidente

Represión sistemática contra disidentes políticos, periodistas y abogados de derechos humanos; asesinatos de opositores en el extranjero; detenciones arbitrarias con penas de hasta diez años.
La represión en casa se convierte invariablemente en inestabilidad en el exterior
La tesis del disidente Sájarov, ahora demostrada nuevamente bajo el régimen de Putin, según The Economist.
Mark

¿Por qué The Economist vincula la represión interna con la confrontación externa? ¿No son cosas separadas?

Mimi

No, según la tesis de Sájarov que cita la revista. Cuando un régimen necesita reprimir a su propia gente, necesita un enemigo externo para justificarlo. Putin le dice a los rusos que Occidente quiere destruir su modo de vida, así que cualquiera que se oponga al régimen es automáticamente un traidor.

Luke

Pero ¿cuántos rusos realmente creen eso? La revista dice que dos tercios tienen una visión positiva de Occidente.

Mimi

Exacto. Eso es lo interesante. La propaganda funciona lo suficiente para mantener el control, pero no ha convencido a la mayoría. Los jóvenes especialmente rechazan la narrativa.

Mark

¿Entonces por qué Putin sigue con esto si no funciona?

Mimi

Porque ya no tiene otra opción. La economía rusa no crece lo suficiente para mantener su legitimidad. Sin confrontación externa, tendría que enfrentar preguntas sobre por qué la gente es pobre.

Luke

Pero hay un riesgo aquí que la revista no desarrolla completamente. Si Putin depende de la confrontación para sobrevivir, ¿no significa eso que es más impredecible y potencialmente más peligroso?

Mimi

Sí. Ha concentrado tropas en Ucrania, envía bombarderos nucleares a Bielorrusia. La confrontación no es solo retórica.

Mark

¿Y la solución que propone The Economist funciona?

Luke

Sancionar oligarcas es sensato, pero la revista asume que eso debilitará a Putin. No está claro que sea así. Y acoger a intelectuales rusos es moralmente correcto, pero no cambia el hecho de que Putin controla el territorio y el ejército.

Mimi

Tienes razón. La revista está siendo honesta al decir que nadie sabe cuándo o cómo termina esto.

  • Rusia tiene más del doble de presos políticos que al final de la era soviética
  • Alexei Navalny fue envenenado en 2020 y encarcelado en la Colonia Penal nº 2
  • Lilia Chanysheva fue detenida el 9 de noviembre y enfrenta diez años de prisión
  • Un tercio del presupuesto gubernamental ruso se destina a seguridad y defensa
  • Dos tercios de los rusos tienen una visión positiva de Occidente

Rusia tiene más del doble de presos políticos que en el final de la era soviética, incluyendo al opositor Alexei Navalny y activistas de derechos humanos. Putin justifica la represión interna culpando a Occidente de corromper valores rusos, permitiéndole etiquetar a opositores como agentes extranjeros.

The Economist advierte que la represión interna de Putin en Rusia inevitablemente genera confrontación externa con Occidente, replicando la tesis del disidente Sájarov sobre la inestabilidad exportada.

La revista The Economist publicó recientemente una portada que advierte sobre un patrón que se repite en la historia política rusa: cuando un gobierno aplica represión interna severa, esa violencia inevitablemente se proyecta hacia afuera, generando confrontación con otros países. Es una tesis que el físico y disidente soviético Andrei Sájarov formuló hace décadas, y que ahora, bajo el régimen de Vladimir Putin, vuelve a demostrarse con claridad.

La represión en Rusia ha alcanzado niveles sin precedentes en tiempos recientes. Según Memorial, la organización de derechos humanos que el propio Sájarov ayudó a fundar para documentar abusos soviéticos, Rusia tiene actualmente más del doble de presos políticos que los que había al final de la era soviética. Memorial misma ha sido atacada por el Estado, etiquetada como "agente extranjero" y perseguida por matones patrocinados por el gobierno. El caso más visible es el de Alexei Navalny, el opositor político más conocido del país, quien fue envenenado en 2020, sobrevivió al ataque pero fue encarcelado en la Colonia Penal nº 2, una de las prisiones más brutales del sistema ruso. Navalny ganó hace poco el premio Sájarov del Parlamento Europeo a la libertad de pensamiento.

Desde el envenenamiento de Navalny, la represión se ha expandido sistemáticamente. Su organización política fue ilegalizada, su equipo expulsado del país o perseguido. El 9 de noviembre, Lilia Chanysheva fue detenida y enfrenta diez años de prisión por haber trabajado para Navalny cuando su organización aún era legal. El mismo día, Sergei Zuev, director de la principal universidad liberal de Rusia y de 67 años, fue trasladado de arresto domiciliario a una celda de prisión mientras se recuperaba de un tratamiento cardíaco, aparentemente para forzar una confesión falsa en un caso fabricado. La represión no se limita a políticos: abarca periodistas, abogados de derechos humanos y activistas de cualquier tipo.

Putin justifica esta represión diciéndole a su población que Occidente está diseñado para destruir el modo de vida ruso. La narrativa del Kremlin sostiene que los valores tradicionales de familia, cultura e historia están siendo corrompidos por "el liberal y licencioso Occidente", y que solo el régimen puede defenderlos. Esta lógica permite al gobierno presentar a todos sus opositores como agentes extranjeros al servicio de potencias externas. Un tercio del presupuesto gubernamental ruso se destina a seguridad y defensa, financiando este aparato represivo. La economía rusa, que depende fuertemente del petróleo y el gas, no tiene el dinamismo para generar crecimiento sostenido, por lo que la confrontación con Occidente se convierte en una herramienta política esencial para mantener la cohesión interna.

Esta represión interna se traduce directamente en agresión externa. Rusia se inmiscuye en elecciones occidentales, distribuye propaganda antivacunas, libra guerras por delegación con Estados Unidos en África y Oriente Medio, y utiliza la amenaza de cortes de suministro de gas para debilitar los lazos entre la Unión Europea y países como Ucrania y Moldavia. Ha concentrado tropas nuevamente en la frontera ucraniana y envía bombarderos con capacidad nuclear a Bielorrusia. Junto con el dictador bielorruso Alexander Lukashenko, que es apuntalado por el Kremlin, Rusia ha asesinado disidentes en el extranjero. Bielorrusia incluso secuestró un avión de pasajeros para detener a un opositor local, y ahora transporta refugiados de Oriente Medio a las fronteras de Polonia y Lituania para provocar una crisis humanitaria.

La paradoja, según The Economist, es que la mayoría de los rusos no apoyan esta confrontación. Dos tercios de la población tienen una visión positiva de Occidente, y casi el 80% cree que Rusia debería verlo como un socio y un amigo. Este sentimiento es aún más fuerte entre los jóvenes, que rechazan la violencia estatal y apoyan los derechos humanos. A pesar de toda la propaganda del régimen, la población no cree en las ventajas de la confrontación.

La revista propone que Occidente responda enfocando sanciones en los oligarcas rusos que saquean el Estado y abusan del pueblo, lo que requiere que los países occidentales enfrenten a los grupos de presión de sus propias industrias de servicios que ayudan a estos compinches a blanquear su reputación y refugiar su riqueza ilícita. Además, Occidente debe comenzar a pensar en una Rusia post-Putin, acogiendo a estudiantes, periodistas e intelectuales rusos que buscan una vida mejor. Al hacerlo, no solo ayudaría a las víctimas de la represión, sino que también se ayudaría a sí mismo. Nadie sabe si ese cambio llegará en años o décadas, pero es difícil que el sistema de Putin le sobreviva.

Putin incorpora ahora la confrontación de la guerra fría a sus relaciones con Occidente. Sus líderes deben prepararse para lo que viene
— The Economist
Para Putin, la represión no tiene marcha atrás. No podrá restablecer la prosperidad que contribuyó a elevar sus índices de audiencia durante su primera década en el poder
— The Economist
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