La IA se despliega más rápido que cualquier calendario legislativo, generando hechos en tiempo real que se autorreplican antes de ser regulados. El verdadero problema no es técnico sino político: quién posee la infraestructura de cómputo y datos controla el poder de moldear reglas sociales.
La rendición del derecho no es inevitable: empieza en el aula
La pasividad no produce vacío: produce cesión
¿Por qué insistes en que esto es un problema de poder y no de tecnología?
Porque la velocidad de la IA es un síntoma, no la enfermedad. El verdadero problema es que quien controla la infraestructura—los datos, el cómputo, los servidores—controla las reglas. El derecho no puede regular lo que no entiende.
Pero espera. ¿Tienes evidencia de que los abogados colombianos no entienden estos sistemas? ¿O es una intuición sobre lo que se enseña?
Es sobre lo que se enseña. Las facultades siguen premiando la memoria del código. No enseñan cómo se entrena un modelo, quién posee el cómputo, qué es un sandbox.
¿Y eso significa que un abogado no puede auditar el poder que ya decide créditos y empleos?
Exactamente. Si no sabes cómo funciona el sistema, no puedes cuestionarlo. No puedes detectar sesgos, no puedes distinguir entre cumplimiento formal y reconfiguración real del poder.
Pero el texto dice que Colombia ya ha radicado proyectos de ley sobre IA varias veces. ¿No es eso un intento de regulación?
Sí, pero el riesgo es que sean normas ambiciosas en el papel y lagunas en la práctica. Una autoridad de IA sin músculo técnico es solo un membrete. Un sandbox sin criterio de salida es un permiso disfrazado.
¿Entonces qué debería hacer una facultad de derecho ahora?
Tres cosas. Usar lo que ya existe—protección de datos, competencia, debido proceso—mientras se construye la institucionalidad nueva. Enseñar a leer sistemas de alto riesgo. Y preguntarse constantemente: ¿quién posee las palancas?
¿Y si el Estado no tiene la capacidad técnica para supervisar a actores con recursos inmensos? ¿No es eso un problema estructural que ninguna facultad puede resolver?
Es un problema estructural. Pero si las facultades no forman abogados que entiendan estos sistemas, el Estado nunca tendrá esa capacidad.
El Pulso
- En 2016, la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda fue reconocida por Acofade como la facultad de leyes más innovadora de Colombia
- La IA se despliega en semanas mientras que cualquier calendario legislativo tarda años en promulgar normas
- Colombia ha radicado múltiples proyectos de ley sobre inteligencia artificial, pero el riesgo es que sean ambiciosos en el papel y deficientes en la práctica
La IA se despliega más rápido que cualquier calendario legislativo, generando hechos en tiempo real que se autorreplican antes de ser regulados. El verdadero problema no es técnico sino político: quién posee la infraestructura de cómputo y datos controla el poder de moldear reglas sociales.
Un exdecano de facultad de derecho argumenta que la IA no vencerá al derecho por velocidad, sino porque este abandona la pregunta fundamental sobre quién ejerce el poder real en sistemas automatizados.
La inteligencia artificial no vence al derecho por ser más veloz. Lo vence cuando el derecho deja de preguntarse quién manda. Esa es la tesis central de quien dirigió la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, una facultad que en 2016 fue reconocida por Acofade como la más innovadora del país. No fue un título vacío. Significó internacionalización real, un grupo dedicado a la innovación jurídica y una convicción simple: el abogado del siglo veintiuno no podía formarse como el del veinte.
Diez años después, esa intuición se ha convertido en urgencia. Mientras los juristas afilan nociones y debaten principios, los modelos de inteligencia artificial se entrenan, se despliegan y se reentrena a una velocidad que ningún calendario legislativo alcanza. El derecho llega tarde. La tecnología avanza sin esperar. Un columnista argentino lo resumió bien: la inteligencia artificial doblega al derecho. El diagnóstico es honesto. Pero aquí está el punto de quiebre: doblegar no es lo mismo que derrotar inevitablemente. Lo que vemos es una rendición opcional, y esas rendiciones no comienzan en el Congreso. Comienzan en el aula.
El desfase entre lo que ocurre en el mundo y lo que la ley reconoce no nació con ChatGPT. El comercio, la radio, internet y las redes sociales también generaron hechos antes de que el legislador los nombrara. Lo que cambió es la escala y la velocidad. Ahora esos hechos se generan en tiempo real y se autorreplican. No hay un invento que se estabiliza y luego se regula. Hay sistemas que aprenden de sus usuarios, se mejoran a sí mismos y desplazan el poder de quien escribe la ley hacia quien posee la infraestructura. Quien gobierne esos sistemas no solo tendrá poder económico. Tendrá, temporalmente, la capacidad de moldear reglas sociales, influir en lo político y reorganizar mercados. Eso no es un problema técnico. Es un problema de poder.
Hoy, demasiadas facultades de derecho siguen formando litigantes de archivo para un mundo de decisiones automatizadas. Se premia la memoria del código y se subestiman tres alfabetizaciones sin las cuales un abogado de 2026 es un notario del pasado: datos, incentivos de plataforma y diseño institucional. Quien no entiende cómo se entrena un modelo, quién posee el cómputo y qué es un sandbox no puede auditar el poder que ya decide créditos, contenidos, empleos y reputaciones. Ese es el error colombiano. Se copia el reglamento europeo de inteligencia artificial—riesgos, impacto, supervisión humana, sanciones—y se cree que se llega a tiempo. El país ha radicado proyectos de ley sobre la materia una y otra vez. El impulso es legítimo. El riesgo es otro: normas ambiciosas en el papel y lagunas en la práctica, porque faltan organismos, estándares, auditorías y capacidad política para supervisar actores con recursos inmensos.
Hay tres caminos. Primero: no esperar la gran ley. Usar lo que ya existe—protección de datos, consumo, competencia, función pública, debido proceso—mientras se construye la institucionalidad nueva. El derecho no está desnudo. Está desactualizado en su forma de aplicarse. Segundo: la pregunta no es solo qué norma se publica, sino quién posee las palancas. Si el Estado no incide en infraestructura, talento, datos públicos y cómputo, firmará tratados de ética e importará dependencia. Tercero: la batalla decisiva está en las facultades. Si no se enseña a leer un sistema de alto riesgo, a interrogar un sesgo y a distinguir el cumplimiento formal de la reconfiguración real del poder, se gradúan espectadores.
El derecho puede reaccionar. Lo que no puede es pretender que una norma del Diario Oficial funcione mañana como un reloj suizo. Tampoco puede refugiarse en la pasividad. Hoy la pasividad no produce vacío: produce cesión. Se cede el crédito, la visibilidad, la prueba, la reputación y la decisión administrativa a quien maneja palancas invisibles. La inteligencia artificial impondrá nuevos equilibrios. Eso ya ocurre. Pero el derecho no está condenado a llegar siempre tarde. Está condenado, si acaso, a la mediocridad de seguir enseñando como si el poder habitara solo en el Congreso, el juez y el código. Mientras la pregunta sobre quién manda siga viva en las facultades, el derecho no estará vencido. Estará ante el examen más serio de su historia reciente. Y los exámenes serios no se aprueban con copias.
Citas Notables
El derecho no está desnudo. Está desactualizado en su forma de aplicarse— Exdecano de facultad de derecho
La inteligencia artificial no doblega al derecho por ser más rápida. Lo doblega cuando el derecho deja de preguntarse quién manda— Exdecano de facultad de derecho