Burnham ganó apoyo con medidas populares baratas, pero ahora debe enfrentar un crecimiento económico débil del 1,3% y compromisos electorales que limitan sus opciones fiscales. Su ambicioso plan de 45.000 millones de euros en vivienda social se reduce: solo el 60% serán council houses, el resto usará colaboraciones público-privadas, lo que algunos ven como un retroceso.