Durante décadas, una creencia arraigada sostuvo que la vejez era sinónimo de rigidez psicológica e incapacidad de cambio. La evidencia científica actual desmiente ese mito con firmeza: las personas mayores no solo responden bien a la psicoterapia, sino que en algunos estudios muestran tasas de recuperación superiores a las de pacientes jóvenes. En sociedades cada vez más longevas, garantizar el acceso a la salud mental en la vejez ha dejado de ser una cuestión individual para convertirse en una responsabilidad colectiva.