Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha tenido que aprender a levantarse después de caer. La psicología contemporánea confirma lo que la sabiduría popular intuía: la mayoría de las personas se recupera de pérdidas laborales, rupturas y fracasos académicos, aunque el camino y la velocidad de esa recuperación dependen de quiénes somos y de cómo interpretamos lo que nos ocurre. Solo una minoría queda atrapada en la herida; el resto, con el tiempo, encuentra la manera de seguir adelante. La pregunta no es si el fracaso duele, sino qué hacemos con ese dolor.