En cada hogar donde conviven padres e hijos adolescentes existe un momento reconocible: la contestación que cruza una línea y transforma el diálogo en enfrentamiento. El psicólogo Alfonso Navarro recuerda que ese instante de máxima tensión es, paradójicamente, el menos indicado para corregir, porque el cerebro adolescente en plena activación emocional no puede escuchar ni aprender. La sabiduría que propone no es rendirse ante el conflicto, sino comprenderlo lo suficiente como para actuar en el momento oportuno.