La promesa podría añadir hasta 1,3 billones de dólares a la deuda estadounidense, en un contexto de inflación del 3,4% y costes de financiación en máximos desde 2008. Los bonos del Tesoro a 10 años rozan el 5%, reflejando la desconfianza de inversores ante un déficit presupuestario que podría cerrar el año en el 5,8% del PIB.