Esta semana, la princesa Leonor cruzó el umbral de la Universidad Carlos III de Madrid, institución que lleva el nombre de su octabuelo, el monarca ilustrado Carlos III. La distancia genealógica entre ambos —tan vasta que el español carece de palabras para nombrarla con precisión— no hace sino subrayar que lo que los une no es la sangre, sino una misma apuesta por el conocimiento como fundamento del bien común. En ese gesto aparentemente cotidiano de una estudiante que inicia sus estudios late una pregunta más antigua: qué significa que quienes encarnan el poder elijan las instituciones públic