A partir de los 40 años, el cuerpo humano comienza a perder en silencio algo más sutil que la fuerza: la capacidad de producir esa fuerza con rapidez. Esta cualidad, llamada potencia muscular, determina no solo si alguien puede evitar una caída en un instante crítico, sino también cuántos años vivirá y con qué dignidad. La ciencia del ejercicio, encabezada por investigadores como Brad Schoenfeld, ofrece una respuesta accesible y esperanzadora: con la técnica correcta, la potencia puede recuperarse a cualquier edad.