En silencio y a lo largo de tres años, la factura eléctrica española ha reconfigurado su anatomía: el cargo fijo por potencia contratada, que antes era un detalle menor, absorbe hoy casi la mitad del recibo total. Este desplazamiento estructural no ha impedido que el coste global baje, pero revela una tensión profunda entre la mejora estadística y la carga real que soportan las familias más vulnerables del sur del país, donde el calor extremo convierte el aire acondicionado en una necesidad de salud, no en un capricho.
La potencia contratada ya representa el 46% de la factura de la luz, frente al 33% de hace tres años
Las familias de menor capacidad económica en el tercio sur del país soportan facturas de hasta 235 euros mensuales en verano debido a necesidades de climatización por calor extremo.