En las aguas entre Yemen y Somalia, donde la historia y la geografía se cruzan con la economía global, los piratas somalíes han vuelto a emerger como síntoma de una inestabilidad más profunda. La escalada de tensiones con Irán ha reabierto viejas heridas en los corredores marítimos que sostienen el comercio mundial, recordándonos que la prosperidad cotidiana de millones de personas depende de pasos de agua que caben en un mapa pero pesan como continentes. Lo que ocurra en esas aguas en los próximos meses no se quedará en el mar: llegará a los estantes, a los precios y a las economías de Europa