En el corazón del verano español, el industrial vasco José Antonio Jainaga extendió una mano compradora sobre Azkoyen, empresa navarra con ocho décadas de historia y resultados récord, ofreciendo diez euros por acción en una operación que vale 244 millones. La propuesta, que llega por debajo del precio de mercado reciente, no es solo una transacción financiera: es una pregunta sobre si el arraigo industrial y la independencia familiar tienen precio. La respuesta depende, en gran medida, de unas pocas familias navarras que han custodiado la empresa durante generaciones.