Durante siglos, la proyección de Mercator redujo visualmente a África en los mapas del mundo, moldeando en silencio la percepción global de su peso geopolítico y económico. Esta semana, la ONU aprobó una resolución —no vinculante, pero simbólicamente poderosa— para promover un nuevo mapamundi que refleje las dimensiones reales del continente. Es un gesto institucional que reconoce algo más profundo que un error técnico: que las herramientas con las que entendemos el mundo pueden estar sesgadas desde su origen, y que corregirlas es también un acto de justicia.