La nueva edad dorada del cocido madrileño: tradición y sofisticación conviven en la capital

Para hacer un cocido bueno hay que hacer dos
Juanjo López resume su método: un cocido para el caldo y otro para conservar cada ingrediente en su punto.
Mark

Si el cocido es una receta inamovible, ¿por qué hablan de revolución?

Mimi

Porque la receta base sigue ahí, pero ahora se cuida el origen: garbanzos de Brunete, morcilla de Beasain, verduras de Carabaña. Y los caldos se desgrasan.

Mark

¿Y no es algo nuevo?

Mimi

Hay precedentes. El Cocido de Oro de La Gastroteca, con 216 garbanzos y un cuarteto de cuerda, ya sacudió el plato en los ochenta.

Luke

Ojo: ese detalle lo cuentan Enríquez y López desde el recuerdo. Es testimonio, no documentación.

Mark

Los precios van de 28 a 100 euros. ¿Es un plato de élite?

Mimi

No necesariamente. La versión tradicional sigue en menús del día y casas de comidas; Treze lo hace de caza por 28 euros.

Luke

Y lo del cocido de 100 euros en Osa todavía no existe: arranca en noviembre, es un plan.

Mark

¿Y la Ruta del Cocido demuestra el auge?

Luke

Con matices. Participan 46 restaurantes, pero De Prado reconoce que solo entran quienes lo piden y pagan cuota. Es un indicador parcial.

Mimi

Aun así, tanto la Academia como De Prado coinciden en que hay demanda y más mimo por la materia prima.

  • La receta de siempre y la versión de autor compiten por el mismo comensal, y la ciudad se divide entre el puchero de toda la vida y el menú degustación de siete vuelcos.
  • Los cocineros discuten qué hace bueno a un cocido: unos buscan el caldo perfecto, otros la pureza de cada ingrediente en su punto.
  • El precio sube hasta los 100 euros, y en algunos restaurantes el cocido se convierte en un acontecimiento que exige reserva y ceremonia.
  • La Ruta del Cocido Madrileño, con 46 restaurantes este año, prepara su decimoséptima edición para febrero de 2027, señal de que el interés sigue en alza.

En Madrid, el cocido, plato humilde de la olla y la costumbre, atraviesa una etapa de renovación que recuerda que las recetas también viven de sus relecturas. Mientras las casas de comidas y los restaurantes de siempre conservan el puchero como se hacía generaciones atrás, una nueva generación de cocineros lo reinterpreta con caldos desgrasados, procedencias cuidadas y servicios ceremoniales. Lo que se juega no es solo el precio, que va de los 28 a los 100 euros, sino la manera en que una ciudad decide qué merece conservarse y qué merece reinventarse.

Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía, habla de una revolución. Describe una línea de cocidos que cuida el origen de los ingredientes y va mucho más allá de los vuelcos tradicionales, mientras la receta de siempre sigue intacta en los menús del día y las casas de comidas. Para él, el cocido es el primer menú degustación de la historia, y ir a comerlo se ha vuelto un hito porque cada vez se cocina menos en casa.

Beatriz Garaizabal, secretaria de la Academia, recuerda que el gusto también ha cambiado: antes se buscaba la grasa, y hoy se agradecen los caldos desgrasados y las digestiones ligeras. La sofisticación tiene precedentes, desde el cocido elegante de Lhardy hasta el Cocido de Oro de La Gastroteca en los ochenta, con sus 216 garbanzos, su música en directo y su contrato firmado.

Juanjo López, cocinero de La Tasquita de Enfrente, creció junto a La Gran Tasca y sostiene que hacen falta dos cocidos: uno para el caldo y otro para cada ingrediente. Los jueves ofrece su versión en Calvero por 80 euros, y Jorge Muñoz, en Osa, lanzará en noviembre un cocido de 100 euros con tres caldos y dos tipos de garbanzo.

En el otro extremo, Taberna Pedraza mantiene una receta familiar de 42 euros que se enfría y se desgrasa, y Lhardy la sirve en plata por 68 euros tras dos días de preparación. Treze propone un cocido de caza por 28 euros, y la Ruta del Cocido, con su cata y su cuota, anuncia nueva edición para febrero de 2027.

Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía, no duda al describir lo que ocurre con el cocido en la capital: "una revolución". Se refiere a una línea de cocidos que da importancia al origen de los ingredientes y va mucho más allá de los dos o tres vuelcos tradicionales. La receta de toda la vida sigue intacta en los menús del día, las casas de comidas y los restaurantes especializados, pero a su lado vive una nueva edad dorada con versiones cada vez más elaboradas. Para Enríquez, el cocido es "el primer menú degustación de la historia", y la demanda atraviesa un buen momento: como la gente cocina cada vez menos en casa, ir a comer un cocido se ha vuelto un hito en sí mismo.

Beatriz Garaizabal, secretaria de la Academia y profesora en la escuela Mom Culinary, matiza que también hay una vuelta al plato tradicional. Recuerda que la forma de hacerlo ha cambiado con los gustos: antes, cuando se pasaba hambre, se apreciaba el cocido con toda la grasa posible, y hoy se agradecen los caldos desgrasados y las digestiones ligeras. Entre sus favoritos cita Taberna Pedraza, Lhardy y La Gran Tasca.

Los precedentes de esta sofisticación están en los años ochenta y noventa. Lhardy lleva un siglo sirviendo un cocido elegante, y El Charolés, en San Lorenzo de El Escorial, abierto en 1977 por Manuel Míguez, dignificó la procedencia y el servicio de hasta quince ingredientes. Pero fue La Gastroteca de Stéphane y Arturo, en la Chueca de mediados de los ochenta, la que sacudió la receta con su Cocido de Oro, obra de Arturo Pardos y Stéphane Guérin. Llevaba 216 garbanzos, el número nupcial de Platón, y se presentaba en altura. Lo acompañaba un cuarteto de cuerda: cuando Pardos anunciaba "sopa", sonaba La primavera de Vivaldi. Juanjo López, hoy cocinero de La Tasquita de Enfrente, recuerda que se firmaba un contrato redactado por Pardos y que se maridaba con champagne.

López creció frente a La Gran Tasca, donde su padre preparaba aquellos cocidos pantagruélicos. Sostiene que para hacer un buen cocido hay que hacer dos: uno para el sabor del caldo y otro para conservar cada ingrediente en su punto. Los jueves ofrece su segunda versión en Calvero, el restaurante del casino de la plaza de Colón: 80 euros por siete vuelcos más postre, con varios caldos mezclados "como un buen blend", velouté de patata con tocino, pelotas de butifarra, pichón y ropa vieja con huevo. Hay trufa y caviar, aunque para él pesan más los garbanzos y los fideos.

Jorge Muñoz, de Osa, en la ribera del Manzanares, incorporará desde noviembre un cocido de 100 euros solo los jueves al mediodía. Mezcla tres caldos hechos por separado (verduras, cerdo y ternera), usa dos garbanzos, el pedrosillano y el cordobés, y ofrecerá tres tipos de tocino y de chorizo. Quiere que el restaurante cierre esos días para dedicarse al cocido.

En el terreno de la tradición refinada, Carmen Carro prepara en Taberna Pedraza el cocido de la madre de su pareja, Santiago Pedraza, ajustado por ensayo y error: el caldo se enfría y se desgrasa, y el chorizo y la morcilla vienen de un carnicero de Beasain. Cuesta 42 euros y abre con su croqueta de cocido. En Lhardy, el chef Marcos Pérez empieza 48 horas antes, con morcillo de vaca gallega, garbanzos de Brunete y verduras de Carabaña; sirve en plata y guante blanco por 68 euros y cierra con soufflé flambeado. El Ritz cobra también 68 euros por un cocido en dos pases, que Brian Rodríguez define como "un buen guiso". Y Saúl Pérez ofrece en Treze, por 28 euros, un cocido de caza con faisán, perdiz, ciervo y jabalí los últimos viernes de cada mes: "no necesitas siesta", dice.

Alberto de Prado, de la Ruta del Cocido Madrileño, confirma la pujanza. En la edición de este año participaron 46 restaurantes y La Gran Tasca, con unos quince ingredientes a 35,50 euros, ganó el premio popular. Aclara que la ruta no reúne todos los cocidos de Madrid, solo los de quienes lo solicitan, pasan una cata y pagan una cuota. La decimoséptima edición será en febrero de 2027.

El cocido es el primer menú degustación de la historia.
— Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía
Cada vez se cuida más la materia prima, y hoy, que casi nadie cocina, es más valioso que nunca.
— Alberto de Prado, Ruta del Cocido Madrileño
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