Desde los tangos de hace un siglo hasta las confesiones íntimas de escritores y actores envejecidos, la nostalgia ha acompañado a los seres humanos como testigo fiel del paso del tiempo. En un momento en que este sentimiento ha sido reducido a arma política o señal de reaccionarismo, una voz reflexiva reclama su complejidad: no toda añoranza es igual, y la que nace de haber amado lugares, personas y momentos que ya no existen merece ser reconocida con dignidad. Aceptar la nostalgia, en sus formas más nobles, es también una manera de reconocer que se ha vivido, que algo importó, y que somos, in