La Newyorkina: la granola asturiana que conquistó 20 países desde un bar de Oviedo

Un desayuno frustrante en Nueva York se convirtió en un negocio de 3,5 millones de euros
La Newyorkina nació de la insatisfacción de Pelayo Pérez con lo que encontró en Manhattan y hoy vende en más de veinte países.
Mark

¿Cómo pasa alguien de tener una mala experiencia desayunando a construir un negocio internacional?

Mimi

Creo que Pelayo vio algo que otros no veían como un problema. Ese desayuno en Nueva York no fue solo una comida decepcionante; fue una pregunta sin respuesta. ¿Por qué no existía algo que fuera saludable y delicioso a la vez?

Mark

Pero hay miles de personas que desayunan mal cada día. ¿Qué lo hizo diferente a él?

Mimi

Que tenía un obrador. Tenía acceso a ingredientes, a un espacio donde experimentar. Y probablemente, tenía la paciencia de alguien que trabaja en un bar, acostumbrado a escuchar lo que la gente quiere.

Mark

¿Crees que el nombre fue estratégico o fue solo una broma?

Mimi

Creo que fue ambas cosas. Llamar a una granola asturiana "La Newyorkina" es una ironía, pero también es honesto. Le debe su existencia a Nueva York, a esa frustración. Y al mismo tiempo, es una declaración: esto que hacemos aquí en Oviedo es mejor que lo que encontraste allá.

Mark

Veintitrés años después, ¿qué crees que mantiene a los clientes comprando?

Mimi

Que funciona. No es marketing nostálgico ni es un producto que apele a la rareza. Es granola buena, hecha bien, que sabe bien. En un mercado saturado de promesas de salud, eso es suficiente.

Mark

¿Y el hecho de que siga siendo desde Oviedo, desde ese bar?

Mimi

Eso es lo que lo hace creíble. No se mudaron a un polígono industrial. El obrador sigue siendo el corazón. Eso cuenta.

  • La frustración de un desayuno mediocre en Manhattan encendió en Pérez la urgencia de crear algo que la industria alimentaria global no estaba ofreciendo: granola que fuera a la vez honesta, saludable y sabrosa.
  • El reto era enorme: competir desde el obrador de un bar en Oviedo contra marcas multinacionales con presupuestos y cadenas de distribución incomparablemente mayores.
  • Pérez apostó por la artesanía y la calidad sin concesiones, construyendo una identidad de marca con nombre irónico que convertía su origen en una declaración de intenciones.
  • El crecimiento fue gradual pero sostenido: de Oviedo a España, y de España a más de veinte mercados internacionales en una sola década.
  • Hoy La Newyorkina factura 3,5 millones de euros y se consolida como prueba de que los alimentos artesanales españoles pueden competir globalmente, no por exotismo, sino por genuina calidad.

Hace diez años, una mañana de desayuno insatisfactoria en Nueva York llevó al asturiano Pelayo Pérez a regresar a Oviedo con una pregunta sencilla y poderosa: ¿por qué no puede algo nutritivo ser también delicioso? Desde el obrador de su propio bar, Pérez construyó La Newyorkina, una marca de granola artesanal que hoy vende en más de veinte países y factura 3,5 millones de euros anuales. Su historia es la de quien convierte la decepción cotidiana en propósito, y demuestra que la excelencia local puede encontrar su lugar en los mercados más exigentes del mundo.

Hace diez años, Pelayo Pérez desayunó en Nueva York y salió decepcionado. Lo que encontró en su plato no era ni nutritivo ni sabroso, y esa insatisfacción lo acompañó de vuelta a Asturias convertida en proyecto. En el obrador de su bar en Oviedo, comenzó a experimentar con granola: no para imitar lo que había visto en Manhattan, sino para crear algo genuinamente bueno. Así nació La Newyorkina, un nombre cargado de ironía que señalaba exactamente la ciudad que le había inspirado el cambio.

Lo que empezó como un experimento casero fue ganando clientes primero en Oviedo, luego en el resto de España, y finalmente más allá de las fronteras. Hoy, una década después, la marca vende en más de veinte países y factura 3,5 millones de euros anuales. No es una cifra que deslumbre a los grandes fondos de inversión, pero sí es la demostración de que existe un mercado global real para productos alimentarios artesanales españoles que no sacrifiquen la salud en nombre del sabor, ni el sabor en nombre de la salud.

Lo más significativo de la historia de Pérez no es el volumen de negocio, sino su origen y su método. El obrador de aquel bar en Oviedo sigue siendo el corazón de la operación. Desde allí, sin fórmulas mágicas ni capital de riesgo, La Newyorkina ha logrado lo que muchos emprendedores del sector alimentario sueñan: una presencia internacional consolidada, construida sobre la convicción de que hacer las cosas bien es, en sí mismo, una estrategia competitiva.

Hace una década, Pelayo Pérez estaba desayunando en Nueva York cuando algo no encajó. Lo que encontró en su plato no satisfacía ni el paladar ni la promesa de algo verdaderamente nutritivo. Esa frustración, la de quien busca algo bueno y se encuentra con lo mediocre, lo llevó de vuelta a Asturias con una idea clara: hacer granola de verdad.

En el obrador de su bar en Oviedo, Pérez comenzó a experimentar. No se trataba de replicar lo que había visto en Manhattan, sino de crear algo que fuera genuinamente saludable sin sacrificar el sabor. La Newyorkina nació de esa tensión: un producto que reconciliara lo nutritivo con lo delicioso, lo artesanal con lo accesible. El nombre mismo era una ironía cargada de propósito, un guiño a la ciudad que le había inspirado el cambio.

Lo que comenzó como un experimento en la cocina de un bar asturiano se convirtió en algo inesperado. La granola de Pérez encontró clientes. Primero en Oviedo, luego en otras ciudades españolas. Pero el crecimiento no se detuvo en las fronteras nacionales. Hoy, diez años después de aquella mañana frustrante en Nueva York, La Newyorkina vende en más de veinte países. La marca ha logrado lo que muchos emprendedores de alimentos artesanales sueñan pero pocos consiguen: una presencia internacional genuina, no como un experimento puntual sino como un negocio consolidado.

Los números hablan por sí solos. La empresa factura 3,5 millones de euros anuales. No es una cifra astronómica, pero es la prueba de que existe un mercado global para productos alimentarios españoles que apuesten por la calidad sin renunciar a la salud. En un contexto donde las grandes corporaciones multinacionales dominan los estantes de los supermercados, una granola hecha en Asturias ha encontrado su lugar.

Lo notable de esta historia no es solo el éxito comercial, sino lo que representa. Pérez no inventó la granola, ni fue el primero en pensar que el desayuno podría ser mejor. Lo que hizo fue observar una carencia real, trabajar desde la artesanía, y confiar en que otros compartían su visión. El obrador de su bar en Oviedo sigue siendo el corazón de la operación, el lugar donde se mezclan los ingredientes y donde comenzó todo. Desde allí, La Newyorkina ha demostrado que los productos alimentarios españoles pueden competir en mercados exigentes, no por ser exóticos o nostálgicos, sino por ser genuinamente buenos.

La marca ha aportado una dimensión nueva a la forma de entender la primera comida del día, combinando lo saludable con lo delicioso
— Sobre La Newyorkina
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