Cada septiembre, Barcelona se detiene para celebrarse a sí misma en la Fiesta Mayor de la Mercè, ese ritual colectivo que recuerda a una ciudad que su identidad es más grande que sus monumentos. En 2026, la edición promete ampliar ese espejo: drones que escriben en el cielo, música de Love of Lesbian, teatro de la Fura dels Baus y, por primera vez con peso real, la presencia de la fiesta en Nou Barris, el barrio periférico que durante años observó la celebración desde lejos. Es un gesto que va más allá del programa cultural: es una pregunta sobre a quién pertenece realmente la ciudad.