En Madrid, más de doscientos profesionales se reunieron para abordar una pregunta que ya no pertenece al ámbito académico: cómo medir aquello que no puede tocarse pero que sostiene la mitad del valor de las empresas cotizadas. El VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles marcó un punto de inflexión al proponer que la medición de reputación, marca y cultura corporativa deje de ser un ejercicio de registro para convertirse en inteligencia estratégica real. En un momento en que los algoritmos reconfiguran la percepción pública de las organizaciones, el congreso advirtió que ninguna tec
La medición de intangibles evoluciona hacia la inteligencia empresarial
Medir bien se ha convertido en una capacidad estratégica
¿Por qué ahora? ¿Por qué un congreso sobre métricas de intangibles en 2026 y no hace cinco años?
Porque la realidad cambió. Hace cinco años, los intangibles eran un tema de comunicación. Hoy son la mitad del valor de una empresa cotizada. Las juntas directivas necesitan saber qué está pasando con eso.
Pero ¿eso es cierto? ¿La mitad del valor reside en intangibles? ¿Quién lo mide?
Es una estimación que circula en el sector. Lo importante es que las empresas presentes—Santander, Telefónica, Mercadona—ya actúan como si fuera cierto.
¿Qué cambió en la forma de medir?
Pasaron de contar indicadores a transformar datos en decisiones. Antes medían menciones en prensa. Ahora miden cómo eso afecta el riesgo reputacional y la estrategia de negocio.
¿Y funciona? ¿Hay evidencia de que estas nuevas metodologías realmente mejoran las decisiones?
El congreso presentó experiencias de empresas que ya las usan. Pero el manifiesto es honesto: medir solo genera valor cuando se transforma en decisiones. Eso sigue siendo el desafío.
¿Qué pasa con la inteligencia artificial en todo esto?
La IA está creando una nueva capa. Los algoritmos ahora determinan qué información sobre una empresa ve el mundo. Eso es reputación, pero no es la reputación real.
¿Cuál es la diferencia?
La reputación real vive en la mente de los stakeholders. La IA es solo una intermediaria. Puedes analizar qué dice un chatbot sobre tu empresa, pero eso no te dice qué piensan tus clientes.
Entonces, ¿el manifiesto está diciendo que la IA es un riesgo?
No. Está diciendo que es una nueva realidad que requiere una nueva forma de medir. No puedes ignorarla, pero tampoco puedes confundirla con la verdad.
Il Polso
- La mitad del valor de las empresas cotizadas reside en activos intangibles —reputación, marca, cultura— que durante años se midieron sin que esa medición orientara ninguna decisión real.
- El congreso reunió a más de doscientas personas y treinta expertos para confrontar una brecha crítica: la distancia entre tener datos y transformarlos en inteligencia útil para el negocio.
- Empresas como CaixaBank, Mercadona, Santander y Telefónica presentaron metodologías concretas, incluido el Corporate Mix Modelling, para demostrar cuánto valor generan sus funciones corporativas.
- La irrupción de la inteligencia artificial obliga a distinguir entre la representación algorítmica de una organización y su reputación real, que sigue residiendo en la evaluación de sus stakeholders.
- Un manifiesto de cinco principios establece que medir solo genera valor cuando el conocimiento se convierte en decisiones, señalando la capacidad de medir bien como ventaja estratégica diferencial.
En Madrid, más de doscientos profesionales se reunieron para abordar una pregunta que ya no pertenece al ámbito académico: cómo medir aquello que no puede tocarse pero que sostiene la mitad del valor de las empresas cotizadas. El VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles marcó un punto de inflexión al proponer que la medición de reputación, marca y cultura corporativa deje de ser un ejercicio de registro para convertirse en inteligencia estratégica real. En un momento en que los algoritmos reconfiguran la percepción pública de las organizaciones, el congreso advirtió que ninguna tecnología sustituye la comprensión directa de lo que los grupos de interés verdaderamente piensan y sienten.
A mediados de octubre, Madrid acogió el VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles, organizado por Corporate Excellence en la Fundación Telefónica. Más de doscientos profesionales y treinta expertos se reunieron para debatir una realidad que incomoda a cualquier empresa que cotiza en Bolsa: la mitad de su valor ya no reside en máquinas ni edificios, sino en reputación, marca, sostenibilidad y cultura corporativa —activos que nadie puede tocar pero que determinan si una organización prospera o se desmorona.
Durante años, las empresas trataron los intangibles como un problema de relaciones públicas: se contaban menciones, seguidores y puntuaciones de satisfacción, y los números se archivaban sin mayor consecuencia. El congreso dejó claro que esa forma de pensar ha quedado obsoleta. María Luisa Martínez Gistau, presidenta de Corporate Excellence, lo expresó sin rodeos: el desafío ya no es probar que los intangibles importan, sino medirlos con indicadores sólidos que permitan incorporarlos a la toma de decisiones reales.
Empresas como CaixaBank, Mercadona, Santander y Telefónica presentaron experiencias concretas de cómo esa medición se traslada a la gestión cotidiana. Una de las innovaciones destacadas fue el Corporate Mix Modelling, desarrollado por Macarena Estévez y Ángel Alloza, un modelo diseñado para responder la pregunta que los departamentos de comunicación llevan años sin poder contestar con precisión: ¿cuánto valor estamos generando realmente?
El congreso también enfrentó una complicación nueva: la inteligencia artificial está transformando el acceso a la información sobre las organizaciones, seleccionando y sintetizando lo que el mundo ve de una empresa. Ante esto, Corporate Excellence lanzó un manifiesto con una distinción fundamental: la representación algorítmica de una organización no es su reputación. La reputación sigue construyéndose en la mente de los grupos de interés a partir de sus experiencias y percepciones, y ningún algoritmo puede sustituir esa medición directa.
El manifiesto propone cinco principios para gestionar la reputación con rigor en este nuevo entorno, y Ángel Alloza resumió el mensaje central del congreso: no se trata de convertir lo cualitativo en números por tener un indicador, sino de transformar evidencia en inteligencia para entender qué genera valor, qué lo pone en riesgo y qué decisiones hay que tomar. En un entorno donde la legitimidad social es cada vez más decisiva, medir bien se ha convertido en la ventaja estratégica que separa a las organizaciones que entienden su propio valor de las que solo creen que lo entienden.
En Madrid, a mediados de octubre, más de doscientos profesionales se reunieron en torno a treinta expertos nacionales e internacionales para debatir una pregunta que ha dejado de ser académica: ¿cómo se mide lo que no se ve? El VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles, organizado por Corporate Excellence en la Fundación Telefónica, puso sobre la mesa una realidad incómoda para cualquier empresa que cotiza en Bolsa. La mitad de su valor ya no reside en lo tangible—máquinas, edificios, inventarios—sino en lo intangible. Reputación, marca, sostenibilidad, comunicación, cultura corporativa. Activos que existen pero que nadie puede tocar, y que sin embargo determinan si una organización prospera o se desmorona.
Durante años, las empresas han tratado los intangibles como un problema de relaciones públicas. Se medían indicadores: menciones en prensa, seguidores en redes, puntuaciones de satisfacción. Números que se reportaban, se archivaban, y poco más. Pero el congreso dejó clara una conclusión que atravesó todas las intervenciones: esa era la vieja forma de pensar. Lo que ahora importa es transformar esos datos en inteligencia. No se trata de tener más métricas. Se trata de identificar cuáles importan, conectarlas con decisiones reales de negocio, y demostrar qué genera valor y qué lo pone en riesgo. María Luisa Martínez Gistau, presidenta de Corporate Excellence, lo expresó sin ambigüedad: el desafío ya no es probar que los intangibles son importantes. Es medirlos con indicadores sólidos que permitan incorporarlos a la toma de decisiones.
Las empresas presentes—CaixaBank, Covap, DKV, Globalcaja, Mercadona, Moeve, Redeia, Santander, Solunion, Telefónica y Ubesol—presentaron experiencias concretas de cómo esa medición se está trasladando a la gestión real. No son ejercicios teóricos. Son metodologías que orientan decisiones, anticipan riesgos reputacionales, gestionan marcas, y evalúan impacto social. Una de las innovaciones presentadas fue el Corporate Mix Modelling, desarrollado por Macarena Estévez y Ángel Alloza, diseñado específicamente para medir y demostrar la contribución de la función de asuntos corporativos al negocio. El modelo busca responder una pregunta que los departamentos de comunicación y reputación llevan años sin poder contestar con precisión: ¿cuánto valor estamos generando realmente?
Pero el congreso también enfrentó una complicación nueva. La inteligencia artificial está transformando el acceso a la información sobre las organizaciones. Los algoritmos seleccionan, jerarquizan, sintetizan lo que el mundo ve de una empresa. Y eso ha obligado a Corporate Excellence a lanzar un manifiesto que establece una distinción fundamental: la representación algorítmica de una organización no es su reputación. La reputación sigue construyéndose en la mente de los grupos de interés a partir de sus experiencias, expectativas, información, percepciones y actitudes. La IA añade una nueva capa de intermediación, capaz de influir en ese proceso, pero no lo sustituye. Analizar lo que un sistema de IA responde sobre una compañía puede aportar señales nuevas. Pero no reemplaza la medición directa de lo que los stakeholders realmente piensan y sienten.
El manifiesto propone cinco principios para abordar con rigor la gestión de la reputación en este nuevo entorno. La reputación reside en la evaluación y el reconocimiento de los stakeholders. No solo se comunica, sino que se construye, gestiona y protege. Medirla exige comprender su evolución y conectar la evidencia con la decisión. La IA es una nueva capa de intermediación reputacional. Y, quizá el más importante: medir solo genera valor cuando el conocimiento se transforma en decisiones. Ángel Alloza resumió el mensaje central del congreso con una frase que captura la evolución: no se trata de convertir lo cualitativo en números por el simple hecho de tener un indicador. Se trata de transformar evidencia en inteligencia para comprender qué está generando valor, qué puede ponerlo en riesgo, y qué decisiones debemos tomar. En un entorno donde la diferenciación y la legitimidad social son cada vez más decisivas, esa capacidad de medir bien se ha convertido en una ventaja estratégica que separa a las organizaciones que entienden su propio valor de las que solo creen que lo entienden.
Citazioni salienti
El reto ya no es demostrar que los intangibles son importantes, sino ser capaces de medirlos con indicadores sólidos que permitan incorporarlos a la toma de decisiones— María Luisa Martínez Gistau, presidenta de Corporate Excellence-Centre for Reputation Leadership
Medir bien se ha convertido en una capacidad estratégica para las organizaciones. No se trata de convertir lo cualitativo en números por el simple hecho de tener un indicador, sino de transformar evidencia en inteligencia— Ángel Alloza, CEO de Corporate Excellence-Centre for Reputation Leadership