Siete candidatos socialistas ganaron primarias demócratas en distritos seguros, pero su programa radical (abolir ICE, policía, Senado) se convierte en arma republicana. Pedro Sánchez, presidente de la Internacional Socialista, reunió en Barcelona a la izquierda mundial en abril, amplificando la coordinación progresista que ahora Trump explota electoralmente.
La izquierda socialista demócrata se convierte en el mejor aliado involuntario de Trump
La izquierda le entregó exactamente lo que necesitaba: un adversario político que podía pintar como extremista
¿Por qué exactamente estos candidatos socialistas ganando en distritos seguros ayuda a Trump?
Porque Trump necesita que las midterms sean sobre algo más que su propia presidencia. Si es un referéndum sobre él, pierde. Pero si es una elección entre dos visiones radicalmente diferentes, tiene oportunidad. Los socialistas le dan esa narrativa.
Pero esos distritos seguros seguirán siendo azules. Los republicanos no van a ganar Nueva York o Colorado.
Exacto. El daño no es local, es nacional. Una candidata gana en Brooklyn prometiendo abolir ICE, y esa promesa aparece en un anuncio de televisión en Pensilvania al día siguiente. El votante de clase media que sufre por la vivienda no ve matices.
¿Qué papel juega Sánchez en todo esto?
Sánchez reunió a la izquierda mundial en Barcelona para demostrar que el progresismo podía coordinarse contra Trump. Amplificó el mensaje. Pero ese mismo mensaje, esa misma coordinación, es lo que Trump ahora usa como prueba de que hay una izquierda radical organizada.
¿Y si los socialistas llegan al Congreso en números significativos?
Entonces los demócratas tienen un problema de gobernanza. Un bloque de diez socialistas disciplinados puede bloquear cualquier votación. El líder demócrata tendría que negociar con moderados que necesitan sobrevivir en Michigan y activistas que quieren abolir el Senado. Es el mismo problema que los republicanos sufrieron con el Tea Party.
¿Significa esto que Trump ganará las midterms?
No necesariamente. Las encuestas aún favorecen a los demócratas. Pero la DSA le ha dado a Trump munición que no tenía hace tres meses. Ha convertido las midterms en una elección sobre dos alternativas en lugar de un referéndum sobre su presidencia. Eso cambia el juego.
The Pulse
- Siete candidatos socialistas ganaron primarias demócratas en distritos donde Trump obtuvo 11-21% de votos en 2024
- La Alianza Democrática Socialista publicó programa nacional proponiendo abolir ICE, policía, Senado y Corte Suprema
- Pedro Sánchez reunió más de 6.000 activistas de 40 países en Barcelona en abril para coordinar izquierda mundial
- Encuesta Reuters/Ipsos de agosto mostraba demócratas con 5 puntos de ventaja en voto genérico al Congreso
Siete candidatos socialistas ganaron primarias demócratas en distritos seguros, pero su programa radical (abolir ICE, policía, Senado) se convierte en arma republicana. Pedro Sánchez, presidente de la Internacional Socialista, reunió en Barcelona a la izquierda mundial en abril, amplificando la coordinación progresista que ahora Trump explota electoralmente.
Los avances electorales de candidatos socialistas en primarias demócratas proporcionan a Trump munición política para las midterms de noviembre, mientras que la Internacional Socialista de Sánchez amplifica involuntariamente este mensaje.
A tres meses de las elecciones de mitad de mandato, Donald Trump enfrentaba un panorama incómodo. Los demócratas lo aventajaban en las encuestas de voto genérico al Congreso, su aprobación presidencial se desmoronaba y la economía no transmitía el optimismo que vendía la Casa Blanca. Entonces, casi sin querer, la izquierda socialista del Partido Demócrata le entregó exactamente lo que necesitaba: un adversario político que podía pintar como extremista en los anuncios de televisión de Pensilvania y Michigan.
Durante las primarias de 2026, candidatos alineados con la Alianza Democrática Socialista ganaron en lugares que parecían imposibles de perder para los demócratas. Claire Valdez y Darializa Avila Chevalier se impusieron en Nueva York con el apoyo del alcalde Zohran Mamdani. En Colorado, Melat Kiros derrotó a Diana DeGette, una congresista que llevaba en el cargo desde 1997. Chris Rabb aseguró su candidatura en Pensilvania en un distrito tan seguro que ni siquiera tenía rival republicano. En agosto, Donavan McKinney se sumó a la victoria en Detroit. La propia organización socialista calculaba que siete de sus candidatos o miembros tenían posibilidades reales de llegar a la próxima Cámara de Representantes.
Pero aquí está el problema: ganaban donde casi no importaba ganar. Como señaló el estratega republicano Karl Rove, estos candidatos triunfaban en distritos donde Trump había obtenido apenas entre el 11 y el 21 por ciento de los votos en 2024. Un ficus con la letra D junto al nombre habría ganado en algunos de esos lugares. Los republicanos no necesitaban conquistar esos escaños; lo que les importaba era la marca nacional. Una candidata podía ganar en Brooklyn prometiendo abolir la agencia de inmigración, y al día siguiente aparecería en un anuncio republicano en Michigan diciendo exactamente eso.
Lo extraordinario fue que los republicanos ni siquiera necesitaban exagerar. La Alianza Democrática Socialista acababa de publicar su programa nacional de 2026, titulado "Los Trabajadores Merecen Más". Proponía abolir la agencia de inmigración y terminar con las deportaciones, avanzar hacia la abolición de la policía y del sistema penitenciario, eliminar el Colegio Electoral y el Senado, reemplazar la presidencia y la Corte Suprema por un Ejecutivo y una judicatura elegidos por y subordinados al Congreso, nacionalizar las mayores corporaciones y sectores esenciales, acabar con la ayuda a Israel, y eliminar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán. No era una caricatura de Fox News. Era el documento oficial. Cuando el adversario te entrega un programa que pide abolir el Senado, la policía y las deportaciones, el director creativo republicano podía tomarse la semana libre.
La ironía más profunda era sociológica. La nueva izquierda hablaba en nombre de la clase trabajadora, pero su entusiasmo más intenso se concentraba en segmentos urbanos, universitarios y acomodados. Esos candidatos tenían másters, pagaban alquileres en Brooklyn y se quejaban de no conseguir reserva en el restaurante de moda. Ese divorcio entre estética obrera y realidad sociológica era mejor munición republicana que limitarse a gritar comunismo.
Pedro Sánchez, presidente de la Internacional Socialista desde 2022, había convertido Barcelona en escaparate de coordinación progresista mundial en abril. Más de seis mil activistas y dirigentes de más de cuarenta países asistieron. Tim Walz intervino en persona; Bernie Sanders, Hillary Clinton y Zohran Mamdani enviaron mensajes. El senador Chris Murphy defendió compartir experiencias internacionales para combatir a la derecha. Luego llegó Ceuta. Trump entendió inmediatamente el potencial de las fotografías de migrantes en la ciudad española y anunció que la frontera sería un tema central de la campaña. Para el votante de clase media que sufría por la vivienda, el salario y los servicios públicos, la combinación de más Estado, regularizaciones masivas y políticas migratorias expansivas no resultaba seductora.
Hay un segundo problema que los demócratas enfrentarían si ganaban: un bloque disciplinado de siete, diez o doce socialistas podría convertirse en árbitro de cada votación importante. Los republicanos conocían la película. La sufrieron con el Tea Party y después con el Freedom Caucus. Una minoría pequeña dispuesta a votar no podía convertir al líder de su propio partido en rehén. No hacían falta cien diputados; bastaban cinco votos que separaban una mayoría de una derrota. El líder demócrata podría tener que negociar simultáneamente con moderados que necesitaban sobrevivir en Michigan y activistas que querían abolir el Senado.
Trump no tenía noviembre ganado. Una encuesta de Reuters e Ipsos de comienzos de agosto daba a los demócratas cinco puntos de ventaja en voto genérico al Congreso, 42 por ciento frente a 37, y situaba su aprobación en el 35 por ciento. Pero la Alianza Democrática Socialista le estaba ayudando a convertir las midterms en una elección entre dos alternativas en lugar de un referéndum sobre su presidencia. Sánchez había reunido en Barcelona a la izquierda mundial para demostrar que el progresismo podía organizarse internacionalmente contra Trump. Mamdani mandó su mensaje, los socialistas ganaron sus primarias, la organización escribió el país que quería construir, y hasta Ceuta terminó entrando en la campaña americana. La gran Internacional progresista sí influía en las elecciones de noviembre. Solo que no en la dirección que imaginaba su anfitrión.
Notable Quotes
Los socialistas están ganando sobre todo donde, para los demócratas, perder unas elecciones les exige un esfuerzo casi profesional— Karl Rove, estratega republicano
Trump necesita convertir las midterms en una elección entre dos alternativas y no en un referéndum sobre su presidencia— Análisis del artículo