En el debate sobre la reforma de financiación autonómica española, el ministro de Hacienda Arcadi España invocó al filósofo John Rawls para dotar de legitimidad filosófica a un pacto negociado con ERC. Pero la apelación al célebre 'velo de ignorancia' rawlsiano choca con una realidad ineludible: las negociaciones territoriales ocurren bajo la luz cruda de los intereses particulares, no bajo la imparcialidad que Rawls exigía. Cuando una teoría de la justicia se convierte en ornamento retórico de un acuerdo que la contradice, no se honra al filósofo, se le traiciona.